El ciudadano ucraniano acusado de asesinar en 2004 a su pareja, Irina P., y a su bebé de ocho meses, a los que asestó ocho y cuatro puñaladas, declaró hoy durante el juicio que no era responsable de los hechos "porque estaba enfermo" y aseguró que unas voces se repetían en su mente pidiéndole "que los matase". El procesado, al que le han sido imputados dos delitos de asesinato, uno de malos tratos habituales, dos de malos tratos, uno de atentado a la autoridad y una falta de lesiones, se conformó con la pena solicitada por el ministerio público, que rebajó finalmente la petición fiscal de 46 a 38 años de prisión.
Según el procesado, Ihor D., de 40 años, la intención de asesinarlos no surgió de forma espontánea, sino que, mientras se dirigía al domicilio, alguien que "jugaba" en su mente le repetía que tenía que matar al niño "porque no era mío".
Ihor manifestó que no era la primera vez que escuchaba esas voces, ya que cada vez que volvía a su casa se sentía "como una máquina con la necesidad de matar al bebé".
"Sólo estaba vengando a la persona que jugaba en mi mente", alegó el acusado durante el juicio, que quedó visto para sentencia, a pesar de que estaba prevista la comparecencia de otras cincuenta personas, tras llegar todas las partes a un acuerdo "por el reconocimiento expreso de los hechos".
Durante la vista, la fiscal alegó la "clara determinación" de Ihor de asesinar a la mujer y al niño, basándose para ello en una carta que el acusado envió a la Audiencia Provincial durante su estancia en prisión "en la que expresaba minuciosamente la secuencia de los hechos" y que él mismo ratificó hoy.
El doble asesinato tuvo lugar el 28 de abril de 2004 en la barriada malagueña de Las Flores cuando al llegar el agresor al domicilio familiar cogió un cuchillo y trató de apuñalar al menor "mientras la madre la daba el biberón" aunque -según relató el acusado- "se partió" el arma, por lo que tuvo que apropiarse de "otra más grande" con la que hirió al pequeño hasta cuatro veces.
Explicó que la madre huyó al dormitorio y, al regresar donde él se encontraba, "ya tenía el cuchillo preparado a la altura de la cabeza para matarla", aunque finalmente le asestó ocho puñaladas por la espalda después de que ésta intentase defenderse.
Tras la agresión, la mujer huyó herida con el niño en brazos para refugiarse en casa de una vecina, donde finalmente murieron ambos, mientras que Ihor permaneció en el quicio de la puerta "observándoles y riendo" porque no se sentía responsable, manifestó.
Posteriormente, llamó por teléfono a su madre para contarle lo ocurrido y le dijo que no había sido él "sino unos medicamentos que tomaba para los ataques epilépticos".
La pareja convivía desde 2002 y desde entonces Irina, de 26 años y origen ruso, había sufrido malos tratos psíquicos y físicos, así como constantes actitudes vejatorias.
La madre de la víctima, Liuvou Petrova, aseguró hoy a los periodistas que "al principio trataba bien al niño pero después se obsesionó con que no era suyo", que ella tenía constancia de las agresiones y que incluso "una vez le pegó tan fuerte que la dejó sin conocimiento".
Según Petrova, Ihor "sabía lo que hacía" y "sólo imita la conducta de un loco", por lo que pidió que se hiciese justicia y se le enviase a prisión y no un centro psiquiátrico.
Aunque la Fiscalía mantiene que la mujer no denunció los malos tratos por "temor a que le ocurriese algo a ella o a su hijo", su madre aseveró que no lo hizo "porque, al estar en situación irregular, temía que la deportasen".
Asimismo, añadió que Irina estaba buscando piso para dejarle e irse a vivir con ella y el bebé, "pero el precio era demasiado elevado y al final no lo dejó porque no tenía donde ir".