EL Circo del Sol en Málaga ha dejado de ser un baile de números y cifras y ya es por fin una espectacular realidad. Y es que si las estadísticas que se han manejado estos días sobre el montaje de la carpa, el traslado de los equipos, el vestuario, los artistas y el número de personas que han visto 'Dralion' en todo el mundo son vertiginosas aún transmite más sensación de velocidad el propio espectáculo, que el viernes se estrenó con un gran éxito de público, un fenómeno que se ha repetido en todas las funciones de este primer fin de semana.
El ojo humano no tiene capacidad suficiente para ver y asimilar todo lo que sucede sobre el escenario a lo largo de las dos horas que dura el espectáculo, ya que el montaje se proyecta debajo de la carpa en todos los planos y dimensiones posibles, incluso por debajo de las tablas, con una sucesión de doce números que alternan los tiempos más lentos con los ritmos más vertiginosos. Así, por ejemplo, al elegante equilibrio sobre cintas de 'Pas de deux aéreo' le sigue un trepidante 'Salto al aro' musicado con potentes ritmos africanos; y después del castillo conformado en el 'Ballet sobre luces', que requiere la máxima concentración de las artistas que lo protagonizan, llegan los vistosos equilibrios de 'Dralions'.
Todo ello salpicado con el humor de unos payasos nada convencionales, que sorprenden por su desparpajo y su manera de tomar el pelo a la concurrencia de la forma más descarada. Además, el aburrimiento es impensable gracias a la procesión interminable de artistas de varias generaciones que demuestran que el proyecto del Cirque du Soleil va más allá del mero espectáculo para convertirse en una auténtica escuela de profesionales. Equilibristas, malabaristas, contorsionistas y saltadores que, precisamente por su corta edad, despliegan una vitalidad a veces increíble.
Estética de musical
'Dralion' es, ante todo, un montaje circense, pero también es un musical, ya que bajo el espectacular castillo que sirve de fondo para el show, en el foso permanece oculta una orquesta compuesta por una decena de músicos que ponen sonido en directo a lo largo de todo el espectáculo.
Música que propicia un paseo por distintas culturas del mundo y por varios continentes, ya que al sonido y la estética oriental imperante se suman ritmos tribales africanos, toques andalusíes, rock y hasta vocales operísticos, con los maestros de ceremonia que presiden toda la gala, Calvin Braxton y Agnès Sohier.
El vestuario y la escenografía impresionan también por la facilidad para trasladar al espectador a otro mundo y a otras culturas, con la 'construcción' de criaturas mitológicas, dragones y otros seres que también revelan sus grandes dotes para la acrobacia.
Cirque du Soleil demuestra con este espectáculo vanguardista y simbólico (el fuego, el agua, el aire y la tierra son los hilos argumentales) que en el mundo del circo no está todo dicho, gracias a una puesta en escena espectacular que salpica prácticamente los cinco sentidos y que, por momentos, deja atónitos a los espectadores, con números inverosímiles como los saltos de trampolín, que retan la mayor parte de las leyes físicas.