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Viernes, 23 de junio de 2006
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CULTURA Y ESPECTÁCULOS
REPORTAJE
Música étnica: el sonido del mundo
La globalización ha hecho posible que cualquier melómano curioso disfrute con los ritmos procedentes de las tribus más recónditas del planeta: un viaje musical que ofrece sorprendentes parecidos
Música étnica: el sonido del mundo
SITAR. El músico indio Ravi Shankar y su hija Anoushka Shankar, en un concierto. / J. BARRACK
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NOS hemos criado escuchando nanas, y las inevitables coplas, y el incómodo flamenco. Hasta que un día el mercado impone sus leyes y a partir de ahí los caminos se bifurcan y descubrimos el jazz, el rock, el pop o la música clásica, también llamada culta. Como si no hubiera cultura en lo popular. Y también llega el momento en que uno piensa cómo serían sus nanas, sus coplas, su flamenco, si no hubiera nacido, pongamos el caso, en Málaga, como si las vidas que nos tocaron en suerte pudieran haber sido otras muy, pero que muy, distintas. De este modo se termina, si uno osa abrir esa puerta, a desarrollar una conciencia más amplia, menos localista. Global.

Y es que la globalización famosa, pese a los encapuchados armando gresca por esto o por aquello, tiene también sus virtudes. Entre ellas poner a nuestro alcance otras culturas de las que no tendríamos noticia si no fuera por esa tendencia a borrar fronteras. Y la música étnica, que es de lo que aquí se trata, su difusión y conocimiento, es uno de esos productos culturales que sirven no sólo para disfrutar del exotismo, sino también para encontrar afinidades insospechadas.

Ya que hemos hablado de Andalucía, la plural y misteriosa Andalucía, sorprendería encontrar las afinidades entre el flamenco y la música Qawal de Pakistán. E incluso con las canciones de pescadores de Japón. En el primer caso, tratándose de música devocional sufí de un pueblo que tiene en común con nosotros el sustrato musulmán y el poso gitano, pues el área desde la que irradió el pueblo gitano no está muy lejana de Pakistán, puede entenderse que en los melismas hipnóticos del Qawal haya un parentesco, lejano pero reconocible, con nosotros.

Y por lo tanto, no es de extrañar que a la mayor estrella de la música Qawal, Nusrat Fateh Ali Khan, que llegó a fusionarla con ritmos electrónicos a través de la propuesta que le ofreció Peter Gabriel a través de su sello discográfico, y ejemplar, RealWorld, se le haya llamado 'el Camarón de la Isla de Pakistán'. Incluso la música Qawal ha influido sutilmente en El Último de la Fila y después en Manolo García. Pero el parentesco jondo entre los pescadores japoneses y nosotros (óigase al respecto una muestra en los discos editados por la UNESCO Musical Sources, D 8100, y Memory of the Peoples, D 8200, que constituyen las mejores antologías para introducirse en este universo musical) es algo que escapa a cualquier vínculo posible. O las similitudes difíciles entre la música rabética de Grecia y el blues de Estados Unidos.

Sonidos auténticos

Pero, ¿qué es la música étnica, qué cabe en ella? Sencillamente, músicas tradicionales interpretadas, a ser posible, por intérpretes no profesionales y recogidas en sus lugares de origen en directo, fuera de estudios de grabación, sin manipulación de lo recogido para mantener su autenticidad que normalmente es herencia de siglos. Así, y sólo seleccionando algunas muestras de los dos discos citados, son músicas étnicas los cantos de las recolectoras de manzanilla de Portugal, la música de cítara de Grecia, la de los rabeles búlgaros, los cantos litúrgicos de Armenia, la de flauta y tamboril del Kurdistán, los responsos de los judíos del Yemen, los rituales Darb Shish de Siria, los ritmos sincopados del batido del mijo en Níger y Benín, las múltiples músicas del norte de la India, el teatro popular y satírico de Vietnam, los ritos de la tribu Bororo de Brasil, el canto yódel de los Alpes suizos, la música de semana santa de las aldeas sicilianas, los cantos y juegos de los esquimales de la Tierra de Baffin.

Como se puede observar, una variedad mayor de la imaginable. Después, existe también una variante de la música étnica que consiste en su reelaboración y puesta al día, ya por parte de músicos profesionales, en la que se muestra un producto contemporáneo con raíces, e inspiración, tradicionales. Es éste el caso de las ediciones del sello RealWorld, que alterna esta tendencia con grabaciones de campo, como sucede en sus dos discos 'Passion' y 'Sources of Passion' en los que recoge la banda sonora de la película de Martín Scorsese 'La última tentación de Cristo' en la que tanto suena folclore marroquí o de Oriente Medio como composiciones electrónicas actuales.

Nuevos géneros

En este ámbito de la revisión de las músicas étnicas se encuentra la excelente colección, de referencia para todo aficionado, de las Rough Guides to... que recopilan, por países y por géneros, esas viejas músicas pasadas por el prisma de la modernidad, lo que ha dado lugar a géneros musicales recientes como el Raï (pop argelino de profundas raíces árabes) y el Bhangra (o lo que es lo mismo, la música hindú creada en el Reino Unido pasada por los ritmos del drum and bass y que también tiene una base en las fascinantes músicas del cine de Bollywood).

Putumayo Records y Playa Sound son otras interesantes discográficas que optan por la versión actualizada de la música étnica. Pero todas ellas son herederas de la ya desaparecida fonográfica estadounidense Folkways, clave en la obra de Woody Guthrie o de Bob Seeger, que luchó durante décadas para que no se perdieran las músicas autóctonas, desde las primitivas bandas de metales de Nueva Orleáns, la música irlandesa grabada en pubs londinenses o una hermosísima recopilación de canciones sefardíes de Gloria Levy.

Desde una educación, o gusto o sensibilidad, tradicional o moderna, la música étnica abre las puertas a la diversidad, a encontrar tesoros desconocidos que ni siquiera se podían imaginar, sea a través de las grabaciones de campo y en directo o a sus reelaboraciones modernas. Hagan la prueba de oír un recopilatorio de estas músicas e intenten adivinar su procedencia. No será raro que incluso yerren de continente. Se llevarán gratas e insospechadas sorpresas. Mestizaje es una de las palabras más usadas últimamente por críticos y ensayistas. Si nuestro futuro está señalado por esa palabra, ¿por qué no adelantarnos al mañana a través del oído?



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