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La soja, legumbre de moda
Occidente se sube al carro del consumo de esta leguminosa tentado por los buenos indicadores de salud de los orientales, que la tienen como base de su dieta
La soja, legumbre de moda
CULTIVO. La soja es una planta leguminosa cuyo fruto contiene tres o cuatro semillas dentro de una vaina.
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LUCES Y SOMBRAS DE LA SOJA
Como medicamento: El único modo de tomar soja ante el que conviene estar prevenido es en los preparados que contienen fracciones de la legumbre, según los expertos. «Ahora hay cápsulas, comprimidos, jarabes y demás productos que tienen fitoestrógenos e isoflavonas extraídos directamente de la soja. Lo que es bueno si se consume de forma natural, puede ser contraproducente de esta manera», advierte el doctor Javier Aranceta. Por eso no hay que creerse la inocuidad de 'los medicamentos de hierbas' o las 'pastillas naturales'. Estos componentes pueden ejercer una acción farmacológica en muchas personas, por lo que su uso tiene que estar controlado. «Nuestra recomendación no puede ser el consumo libre sino por prescripción facultativa», recuerda. Y es que, al igual que ocurre con los fármacos, es susceptible de provocar contraindicaciones: la ingesta inadecuada puede generar el efecto contrario al que se busca. «No es cuestión de alarmar pero tienen una acción hormonal que, consumidas durante mucho tiempo por una persona inadecuada acarrearía un efecto desafortunado».

Precaución con la soja sin tratar: En su estado natural contiene unos elementos que compiten con otros en el intestino y bloquean la absorción de la vitamina B, K y D, además del yodo y el calcio. Estas sustancias se llaman antinutrientes y suponen un inconveniente que se soluciona sometiendo los productos al calor para bloquearlos o a la fermentación y germinación para eliminarlos al cien por cien. Estas dos últimas fórmulas, además, mejoran la biodisponibilidad de la soja, pues favorecen la absorción de los nutrientes. «Si al consumir un producto me quedo con el 50% de sus propiedades, al mejorar la biodisponibilidad la cifra se puede elevar un 75%», ilustra Aranceta.

Los niños: Las bebidas de soja no presentan problema para los adultos porque, aunque conservan entre el 1% y el 2% de antinutrientes, en una dieta equilibrada son inocuos. Pero en la población infantil de hasta los cuatro años sí resulta contraproducente. «Hay padres que, por ser vegetarianos o por creencias, tratan de aportar a los niños las proteínas a través de preparados de soja. Pero deben adquirirlo por recomendación facultativa», resalta Aranceta. Los preparados que se venden en las farmacias están sometidos a un tratamiento más intenso que el de los adultos para eliminar los antinutrientes. Además, por seguridad, están enriquecidos con yodo, calcio y otras sustancias beneficiosas para el organismo.

Posibles alergias: Hay un número importante de gente que rechaza la proteína de soja. Las personas con alergia a la leche de vaca pueden experimentar la misma reacción ante la leguminosa, aunque hay muchos menos casos. Los síntomas son picores, urticaria o taquicardia, entre otros. También puede provocar intolerancia, una especie de malestar o dificultad digestiva y gases.

La soja transgénica: Esta legumbre fue una de las primeras que se produjo por medio de manipulación genética con el fin de que resistiera a los elementos naturales que agreden las cosechas. La alteración se realiza mediante la introducción de un gen procedente de una nuez de Brasil, muy alergenizante. Se dan casos de consumidores que toleran la soja normal y tienen alergia a la transgénica. Nutricionalmente son lo mismo, pero su efecto para la salud puede ser diferente.

La descarga de la soja: En la década de los 80, la descarga de las vainas de soja en el puerto de Barcelona produjo un brote epidémico por crisis asmáticas que afectó a centenares de personas. La intervención administrativa y judicial ha permitido controlar el riesgo para la población y dilucidar responsabilidades de todo tipo por un hecho del que entonces se ignoraba casi todo.

Una legumbre de moda: El mercado trata de innovar continuamente para ganarse a sus clientes a través de la curiosidad. La soja es un producto fácil de vender a una sociedad preocupada por su salud, que busca cómo mantenerse en forma y retrasar el envejecimiento. Además, al vincularse al mundo vegetariano, tiene un cierto prestigio social. Es buena para la salud pero no imprescindible. No conviene exagerar.

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NO hace mucho que su apelativo popular era 'la carne de los pobres'. La soja, principal fuente de alimentación de los chinos, se lo ganó por tratarse de un sustituto saludable y barato de los productos cárnicos. No en vano tiene un alto contenido en proteínas pero con la ventaja de que su origen es vegetal. ¿Qué significa exactamente esto? «Que su grasa es beneficiosa para nuestra salud, o cuando menos, neutra», explica Javier Aranceta, miembro de la Academia de Ciencias Médicas.

Durante miles de años esta leguminosa ha sido la principal fuente de alimentación para los orientales. Fue después de la Segunda Guerra Mundial cuando sus virtudes traspasaron fronteras. Y no han tardado en calar en la población del siglo XXI, que vive a tope, descansa poco, se alimenta mal y, sobre todo, se preocupa por cómo repercute todo lo anterior en su salud. La sociedad occidental confía hasta tal punto en sus beneficios que comienza a convertirse en un nutriente omnipresente en infinidad de productos existentes en el mercado.

Apenas hay marcas de lácteos que se precien si en una de sus variedades no incluye la soja. En las estanterías del supermercado podemos encontrar leche, hamburguesas, chocolate, salchichas, galletas, brotes de soja, y así un largo etcétera. Es más, aunque las plantaciones siguen siendo escasas en España, su producción se quintuplicó durante el año pasado en nuestro país. Al mismo ritmo se ha multiplicado el número de adeptos a esta leguminosa o a alguno de sus derivados. Pero la pregunta es: ¿Merece la soja tener tantos novios?

Lo que no se pude negar es que es una legumbre singular. Desde el punto de vista nutritivo, conviene recordar que tiene más grasa que la media de las leguminosas y más proteínas y cualitativamente mejores que la carne. Afirmaciones que hay tomar con cuidado. «La soja no llega a tener al cien por cien el valor de la carne -el 97%-, aunque comercialmente se diga lo contrario. Eso sí, no tiene grasas saturadas», afirma Aranceta.

Además, aporta 15 gramos de fibra por cada 100 gramos. Y por si esto fuera poco, contiene importantes cantidades de minerales y de vitaminas E y B. «Es un producto interesante que podemos incluir en nuestra dieta sin ningún problema, pero siempre y cuando no desplace a ninguno de nuestros nutrientes», aconseja Abel Mariné, catedrático de Nutrición y Bromatología en la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona.

Y no es algo complicado de llevar a cabo, dadas sus amplias posibilidades gastronómicas. Como nuestra dieta hoy en día incluye pocas legumbres -un tercio de las que comían nuestros abuelos-, convendría tomarla cocida, como una más dentro del menú. «Son sabrosas y tienen un aporte calórico importante. Su único defecto es que tardan mucho en hervir», resalta Mariné.

Según los expertos, lo que no se debe permitir es que la soja desplace a otros elementos de la dieta mediterránea, como la leche de vaca o el aceite de oliva. «La proteína vegetal que aporta el aceite de soja tiene un valor nutritivo relativamente alto. Científicamente es una grasa adecuada porque es rica en insaturados. Pero no es mejor que el aceite de oliva. Si uno puede elegir, la nuestra debe seguir siendo la grasa básica de cualquier dieta», aconseja Mariné. «Ambos aceites, en el mejor de los casos, se pueden complementar».

El mismo consejo se puede aplicar con la mal denominada leche de soja. «Las bebidas derivadas de esta legumbre tienen una proteína inferior desde el punto de vista dietético en comparación con la de vaca», explica. «Es una buena salida para quien no la tolere, pero no es tan buena y contiene menos calcio». Mariné sentencia: «Si un adulto quiere consumir bebida de soja tentado por las proteínas vegetales, puede hacerlo, pero no se puede preconizar que es mejor que la lecha de vaca porque no es cierto».

Un alimento funcional

La soja tiene una vertiente funcional, un efecto beneficioso para la salud, que va más allá de la estricta nutrición: disminuye el riesgo de ciertas patologías. Concretamente, contiene un importante número de fitoestrógenos, «una sustancia gemela a las hormonas femeninas», ilustra Aranceta, muy positiva para las mujeres en la menopausia. En esa época disminuyen los estrógenos y aparecen complicaciones tales como sofocos, pérdida de calcio y de masa muscular, aumento de la masa corporal

«Los estrógenos de origen vegetal sustituirán la producción endógena y modularán esta sintomatología», cree Aranceta. «No es la panacea, pero parece que la situación mejora». Asimismo, es rica en isoflavonas, un antioxidante que ralentiza y, por lo tanto, previene procesos oxidativos como el cáncer, la diabetes o las enfermedades cardiovasculares.

Los expertos coinciden en asegurar que el interés por la soja está justificado. Pero, ¿en qué medida? Es en este punto donde hay diversidad de opiniones. «Estimo que hay una cierta inflación en el fomento de su consumo. Estamos exagerando un poco», considera Mariné. «Hay publicidad de la soja porque hay multinacionales de la soja. Si hubiese multinacionales del garbanzo, ocurriría lo mismo». Javier Aranceta aporta otra visión. «La sociedad japonesa sólo se diferencia de la nuestra en que en su dieta incluye mucha más soja y pescado que la nuestra. Viven tan acelerados o más que nosotros, fuman mucho y, sin embargo, tienen mejores indicadores de salud». Además, las japonesas «casi no tienen síntomas en la menopausia y el número de casos de cáncer de mama es la tercera parte que en España», sostiene Mar Cenzano, diplomada en medicina tradicional china.

En lo que sí coinciden todos ellos es en que «si llevamos una mala dieta, la soja no va a hacer un milagro por nosotros». «No pasa nada por tomar comida rápida un día. Pero si lo hacemos todos los días, la basura será la dieta, no la hamburguesa», dice Mariné. El experto lo tiene claro.

«Ahora también se ha puesto de moda enriquecer todo con Omega 3. ¿No sería más fácil comer más sardinas? Los adultos, de promedio, deberíamos tomar entre 400 y 600 gramos de fruta y verdura al día. Si hiciéramos esto, harían falta menos funcionales», recuerda. Y sentencia: «Si vamos a prevenirlo todo, a lo mejor estamos muy sanos, pero seguro que más aburridos».



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