E L mundial ya ha comenzado y el planeta sólo tiene ojos para ver cómo juegan las mejores selecciones. El fútbol lo invade todo, su omnipresencia es sagrada y bestial, y en el gran balón de Babel, miles de personas dirigen su mirada hacia un mismo punto del hemisferio: Alemania. «El fútbol es como un esperanto exitoso -lanza Roberto Fontanarrosa-. No importa dónde te encuentres, siempre genera comunicación». El escritor y humorista argentino, que ha publicado dos libros sobre este deporte, es una prueba viviente de que el balompié da juego a la cultura. Y no es el único que lo demuestra.