LOS trasplantes de órganos y tejidos son tratamientos muy especiales. Precisan de órganos donados por otras personas (habitualmente fallecidas) y esa circunstancia impone límites rígidos. Lamentablemente, aquí como en todo el mundo, el número de personas que precisan de operaciones de trasplantes es mucho más numeroso que el de órganos disponibles y, por ello, es preciso que los canales de información lleguen a toda la población de forma eficaz para convencerles de esa indispensable colaboración.
Son muchas las actuaciones que las administraciones sanitarias, los agentes sociales, los medios de comunicación y múltiples voluntarios han emprendido desde hace tiempo para lograr una masiva concienciación de la sociedad de forma que la donación de órganos sea vista como una responsabilidad social que a todos comprometa.
Tradicionalmente han sido campañas publicitarias que, de forma esporádica y con alcances más o menos extensos, han trasladado a la población mensajes en pro de la donación de órganos. Sin embargo, estas campañas, tan costosas como necesarias, insertadas en la vorágine de publicidad que nos rodea, tienen un impacto limitado porque, como bien conocen los publicistas, el primer impacto suele ser eficaz pero hay que mantener e insistir en el mensaje de modo que las campañas que hablan de la donación tienen que competir en ingenio, en presupuesto y en tiempo de emisión con otros productos de consumo y corren el riesgo de transmitir a la audiencia sensaciones de hartazgo como sucede con otros anuncios, en un paralelismo perverso y puede que perjudicial con otros artículos mercantiles. En mi opinión, estas campañas no calan lo suficiente porque al insertarse entre tantos productos mayoritariamente hedonistas, quedan desvirtuadas en un ambiente privado de dos singularidades que son la clave del éxito en el mundo del trasplante: altruismo y solidaridad.
Pero la verdad es que tenemos un problema. Nadie debe pensar que no le atañe. Si a un joven malagueño que necesita un trasplante, éste no llega por falta de donantes, estamos delante de un gran conflicto. Según que órgano esté enfermo, la espera puede ser más o menos larga. También depende de cómo se ha presentado la enfermedad; si ha sido lenta y progresiva, a veces se pueden esperar días o meses a que llegue un donante en condiciones; pero si la enfermedad ha sido fulminante y necesita con urgencia ese hígado, corazón o pulmón porque no hay otras alternativas terapéuticas, en ese caso no conseguir un donante adecuado y en tiempo record, cierra todas las salidas. Esas familias no entenderán que con tanta gente que desgraciadamente muere en los hospitales o en accidentes no haya solución para su hijo, para su hermano o para su padre. Y muchos de nosotros, profesionales sanitarios relacionados con la donación y el trasplante, tampoco lo entendemos. Respetamos, claro está, opiniones y decisiones contrarias a la donación que nos hacen perder cada año donantes e impiden realizar un buen número de trasplantes, pero no podemos quedarnos callados en el Día del Donante que se celebra mañana porque muchos niños, jóvenes y adultos han depositado en nosotros sus esperanzas para que hagamos comprender a algunas personas, a ciertas familias aún no sensibilizadas que la donación es una decisión de gran valor moral y que salva vidas porque hace retroceder a la muerte.
La sociedad deber saber que aunque se sigan mejorando las cifras de donación, todavía habrá personas enfermas que morirán porque no les llegue a tiempo un trasplante. Pero aspiramos a que esos casos sean singulares e infrecuentes. Para ello todos debemos participar en esta carrera hacia el éxito que representará a una sociedad plenamente concienciada, en la que no se niegue la donación de órganos que beneficia a tantos enfermos que esperan el milagro del trasplante.
Sin embargo, aunque lenta, esta es la mejor vía para informar, convencer e incrementar el número de personas que en vida se deciden por la donación de órganos y trasmiten esta decisión a sus familias. Hay que dar pie, facilitar oportunidades para que en el ambiente familiar salga el tema de la donación y cada miembro plantee su posición y la dé a conocer en voz alta. Hay que fomentar una excusa, una ocasión para que padres e hijos, educadores y alumnos, abuelos y nietos, matrimonios y parejas puedan en algún momento hablar de forma clara y serena de la donación de los propios órganos como una opción que aporta más ventajas que problemas.
Por estas razones, estamos inmersos en un proyecto denominado Jardines Solidarios. Se pretende que en todos y cada uno de los cien municipios de la provincia de Málaga se planten en un lugar estratégico dos árboles: el árbol de la Vida y el árbol del Amor. Estos árboles van a simbolizar la vida que ha recobrado el paciente trasplantado y el amor, la gratitud y entrega de ese donante anónimo que le ha facilitado el trasplante. Se ubicarán en una plaza o paseo frecuentado y llevarán una leyenda que explique esta simbología para estimular a hablar de donación y de trasplantes.
Estos árboles serán nuestros símbolos de vida y gratitud que crecerán cada año con las ofrendas de nuevas familias donantes y personas trasplantadas. Este proyecto en colaboración con la Diputación de Málaga, ayuntamientos, asociaciones de trasplantados y voluntarios del Club de Leones van a facilitar que Málaga alcance un utópico pero posible ideal de trasplantes para todos. Anímate y hazte donante, porque donar órganos hoy puede ser mañana tu seguro de vida.