Después del partido de ayer, cuesta creer que la eliminatoria entre el Unicaja y el DKV Joventut esté marcada por la igualdad (80-66). Desconfíen, respeten, recelen y no den nada por decidido, pero ni teman ni piensen que verdinegros y 'cajistas' comparten un mismo nivel. En el tiempo que emplean en desayunar cualquier día, o en darse una ducha, o en bajar a por el pan, el cuadro malagueño es capaz de hacerle un auténtico roto a un contrincante con fama de solvente y rocoso. Si le dan un minuto de tregua le hace un descosido al más pintado. Y la 'penya' no le dio uno, sino veinte de ventaja, los primeros del choque, que el Unicaja no desaprovechó. Dos parciales repletos de acierto e intensidad defensiva que sentaron las bases de la primera de las tres victorias que abren las puertas de la final.