En un adicional golpe de descrédito hacia la prolongada presencia militar de Estados Unidos de Irak -mucho más desmoralizador que el escándalo de torturas de Abu Ghraib- el Pentágono se ha visto obligado a reconocer que el gravísimo problema de violencia injustificada a manos de sus tropas no se limita exclusivamente a lo ocurrido el pasado noviembre en la localidad de Haditha, donde perdieron la vida 24 civiles desarmados, incluidos seis niños, tres mujeres y un anciano de 89 años en silla de ruedas.