diariosur.es
Viernes, 2 de junio de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA EL PERIÓDICO ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
LO + BUSCADO
Vacaciones, a la vuelta de la esquina
-
El Código da Vinci

-
Las tendencias para este verano
-
Mundial de Alemania
-
Fernando Alonso
-
Los Sims 2
-
Alergias
-
Sudoku
-
Predicciones 2006
-
Ofertas de empleo
-
Hoteles
-
Logos Melodías
OPINIÓN
TRIBUNA
Diglosia, el futuro
Si el juego de las palabras se quedara sólo en juego, podría gustar más o menos, según el ingenio en cada caso, pero cuando tiene consecuencias directas para la vida de los ciudadanos, el tema se complica porque deja de ser juego
EL juego con las palabras forma parte, sobre todo, del infinito universo de la poesía donde los usos figurados hasta en el plano fonético son base del grado eminente de acuñación lingüística que le es propio. Dicho esto con el tono profesoral adecuado; es decir, con el nivel más alto de la rueda virgiliana, es oportuno referirse a otro plano de representación, a otra manera de jugar con las palabras, un modo que califico de perverso desde un planteamiento estrictamente científico.

Si el juego de las palabras se quedara sólo en juego, podría gustar más o menos, según el ingenio en cada caso, pero cuando tiene consecuencias directas para la vida de los ciudadanos, cuando afecta a la vida de todos los días, el tema se complica porque deja de ser juego. En las últimas semanas he estudiado un material diverso, formado por declaraciones e informes, que muestran que la posición sobre el significado de las palabras; por tanto, la visión del mundo, por parte del partido en el gobierno viene de atrás, no se trata de una improvisación. El significado para el gobierno es un terreno de juego de límites indefinidos, salvo los que conviene en cada caso; es una materia difusa a la que se da la forma del recipiente en el que se contenga y ese recipiente depende del objetivo de cada momento, que siempre suele ser el mismo, conservar el poder a toda costa y como sea.

Según esto, el término nación no significa nada pero para el gobierno catalán lo significa todo como queda claro en sus campañas institucionales, en las declaraciones de sus políticos y, lo que más importa, en la norma jurídica, de la que es fundamento, y que es la que afecta al ciudadano; pero antes de seguir es necesario precisar la situación lingüística de Cataluña. De entrada, el catalán no es lengua propia en exclusiva; español y catalán lo son porque la presencia del español, nunca impuesta, es secular en el territorio y se ha desarrollado con normalidad. Los trabajos de campo, de hecho, muestran que el dinamismo del español es mayor y lo es por razones prácticas, nada de patriotismos españolistas. El español es una lengua en desarrollo en todo el mundo y, en condiciones normales, también en Cataluña, no hay más; aunque, claro está, esto no conviene a unos políticos que desprecian y odian a la lengua de Cervantes.

En la reciente y estupenda novela Contramundo, que le dará quebraderos de cabeza, Ignacio Vidal-Folch, usando la ficción y la metáfora, se refiere a la Lengua Oprimida y a la Academia Condal de la Lengua Oprimida y de los Juegos Florales con un sentido que coincide, desde su punto de vista literario, con mis planteamientos técnicos. El gobierno catalán parte de una aberración científica; según esta, existe una lengua, el catalán, a la que se ha impedido su expansión, a la que se ha coartado, a la que el español ha puesto la bota en el cuello; en consecuencia, se debe proteger a la supuesta lengua propia y se debe aplicar una discriminación positiva para equilibrar, supuestamente, la situación. Conocemos la estupidez represora del franquismo pero esa estupidez no es la causa del dinamismo del español, hasta ahí podríamos llegar.

La situación en Cataluña es de bilingüismo y el gobierno catalán lleva años, en este último periodo hasta niveles de delirio, empeñado en que ese estatus, natural por la propia evolución de los sistemas de significados, pase a ser de diglosia; por una parte, como horizonte imposible se desearía la desaparición del español; por otra, se da al catalán todo tipo de privilegios sociales y políticos para, ya que no puede conseguir el primer objetivo, por lo menos que el español quede recluido en el uso doméstico, en la esfera privada; ni más ni menos que la misma actitud lingüística del franquismo, cosas veredes, amigo Sancho. El catalán es la lengua de prestigio, la marcada positivamente y el español representa todo lo malo sin mezcla de bien alguno.

Desde un punto de vista estrictamente lingüístico el gobierno catalán se comporta exactamente igual que la extrema derecha norteamericana, la más reaccionaria, la que pretende que los emigrantes hispanos abandonen su lengua y su cultura. Es precisamente el hablante andaluz, ya que se trata del mayor contingente de emigrantes, el que más padece este fascismo lingüístico. El hablante andaluz como el de cualquier otra zona de España, se encuentra ante una realidad pavorosamente desigual. Su lengua no sirve para la administración, sus hijos no aprenderán su lengua materna en las escuelas y los institutos. Tienen que sentir vergüenza, ese es el objetivo y tienen que hacerse catalanes a marchas forzadas, sin tener en cuenta que lo catalán es español, incluida la lengua, que esta situación es la mayor tristeza y la mayor perversión.

Mi más que admirado Pla, el más grande prosista en catalán, pese a que les moleste a los gobernantes de su tierra, y del que se acaban de publicar sus magníficos artículos sobre la Guerra Civil, rechazó siempre esta barbaridad lingüística que atribuía a una visión mínima, absurda y contraria al espíritu mediterráneo grecolatino que es sustancia de nuestra cultura. Esta es la penosa realidad y es obligación primera del gobierno, de cualquier gobierno, garantizar la igualdad de las lenguas e impedir la discriminación y aquí no valen jueguitos.

El drama de los niños que no pueden educarse en un bilingüismo real está por encima de los juegos de palabras, de las frases más o menos ingeniosas, siempre menos, de las declaraciones del responsable de la televisión pública catalana en el sentido de que se tendrá que traducir cualquier intervención en español, que, por supuesto, deberá evitarse en lo posible; con todo, lo más enloquecedor es que el gobierno catalán es expansionista e imperialista en materia lingüística, otra vez como Franco, qué cosas.



Vocento