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CULTURA Y ESPECTÁCULOS
CULTURA Y ESPECTÁCULOS
El museo que no fue
No pudo ser. Las desavenencias entre el escultor y las instituciones paralizaron el proyecto de su vida
El museo  que no fue
JARDINES DE PICASSO. Las estatuas de Berrocal son un museo al aire libre en la capital malagueña.
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DE nada sirvió su declaración de intenciones ante notario. Miguel Ortiz Berrocal ha muerto sin ver hecho realidad el museo que Junta, Diputación y Ayuntamiento de Villanueva de Algaidas iban a habilitarle en su ciudad natal.

Y aunque para el alcalde de Villanueva, José Cabrera, aún las instituciones tienen «las puertas abiertas», lo cierto es que las negociaciones llevan tiempo paralizadas. Tanto, que ya muchos han dado por zanjado que la iniciativa llegue a buen puerto. Incluso el propio Cabrera hace meses dio a conocer su idea de trasladar el Ayuntamiento a la sede que iba a ser el Museo Berrocal, aunque esto finalmente no sucederá.

Todo y nada por el museo

El escultor no dudó en trasladar en 2002 su taller de Verona (Italia) a su localidad natal con el fin de establecer su producción y a la vez tutelar el proceso de creación del futuro Museo Miguel Berrocal, gestionado por la Fundación Algaidas. Pero el artista ya lo advirtió en 2003: «No habrá museo si no se hacen las cosas como yo quiero».

Para él, la apuesta fuerte de la Diputación de Málaga se paró de repente. «Querían comprometerme con lo que iba a meter como contenido expositivo, algo que ya tenía más que explicado. Lo que está claro es que querían tenerme trincado con un compromiso, cuando ni siquiera había dinero para seguir con la obra». Al año siguiente, los presupuestos del ente supramunicipal no aportaron ni un sólo euro para el museo.

El artista consideraba que la petición por parte de las instituciones del listado de obras que cedería a su futuro museo era sólo «un pretexto» y que lo que había que hacer era «poner dinero» a una iniciativa que llevaba años paralizada por la Junta, la Diputación y el Ayuntamiento.

Dos años más tarde, en 2005, el escultor hizo un acta de manifestación de buenas intensiones ante notario en la que declaraba su voluntad de poner a disposición del Museo Berrocal una selección amplia y representativa de su obra, lista que daría a finales de junio de ese año. Pero no lo hizo y las instituciones dejaron de creer en el museo del artista. Con su muerte, ahora todo queda sostenido por una última esperanza mientras los amantes de sus esculturas desmontables las buscan por los malagueños Jardines de Picasso, al que siempre admiró.



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