EL domingo en Palma de Mallorca, Xavier Maqueda (senador del PNV) afirmaba que «el que no se sienta nacionalista ni quiera a lo suyo no tiene derecho a vivir». Nos lo cuenta Arcadi Espada. Esta es de las frases que escribiría en una pizarra, tendría el trimestre resuelto. Hay que ser nacionalista y querer lo suyo, con eso es suficiente (el resto da asco, más aún al ser pronunciado por un nacionalista vasco y en el contexto actual). Volvamos a la primera parte de la frase -he olvidado decir que arrancó numerosos aplausos entre el público, «curiosamente» de izquierdas y no nacionalista-, hay que ser nacionalista y querer lo suyo. Hay que. Por qué hay que. Hay que es una de las formas de obligación. No me gustan las formas de obligación, mucho menos si se refieren a los sentimientos. Quién me va a decir a mí cómo tengo que sentirme, ¿un senador irresponsable con sus palabras? Hay que, puesto que si no no tengo derecho a vivir.
Sobre qué puedo sentirme nacionalista, ¿sobre Málaga y gritar puta Sevilla cuando el Unicaja gane la liga (encima ante un equipo que no es de Sevilla)?, ¿sobre esta ciudad y decir que es la capital del sur de Europa, con la feria del sur de Europa, los carnavales del sur de Europa y las playas sucias del sur de Europa? ¿Sobre Andalucía y afiliarme al Partido Andalucista y verme envuelto en algún expediente sancionador como tantos dirigentes andalucistas que tanto quieren lo suyo, o una parte de lo suyo? ¿Sobre España y tirar los discos de Serrat porque ahora va y saca uno en catalán?
Si el señor Maqueda se siente nacionalista pues que se sienta nacionalista, pero que nos deje tranquilos a los que todavía jugamos a ser ciudadanos del mundo, a los que el pasaporte nos supone una libreta que es necesario presentar en las aduanas, como el billete de avión. Yo soy de las esquinas que piso si en ellas me siento acogido, y quiero esas esquinas. Y cuido las esquinas en las que me detengo aunque no me sienta acogido. Y trato de no indignarme porque me dijo un médico que no me convenía, pero leo las declaraciones del senador Maqueda que me parece más peligroso que el genial Maquea de 'Padre coraje' (genial Vicente Romero, el actor que le encarnó, quiero decir), y me da miedo, y asco, que alguien suelte su verdad y añada que quien no la comparta no tiene derecho a vivir y, lo peor de todo, que arranque aplausos.
El mundo se desbarata (más) y un tipo dice lo que he de sentir si quiero merecer vivir, lo que he de querer, lo mío, ole, parece su discurso sacado de una copla antigua, tabernera, mediocre. Déjame en paz.