diariosur.es
Domingo, 28 de mayo de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA EL PERIÓDICO ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
LO + BUSCADO
Vacaciones, a la vuelta de la esquina
-
El Código da Vinci

-
Las tendencias para este verano
-
Mundial de Alemania
-
Fernando Alonso
-
Los Sims 2
-
Alergias
-
Sudoku
-
Predicciones 2006
-
Ofertas de empleo
-
Hoteles
-
Logos Melodías
CULTURA Y ESPECTÁCULOS
CULTURA Y ESPECTÁCULOS
Rodríguez trata la inmortalidad en 'La alquimia del unicornio'
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Ramón Pino es un arquitecto de 40 años aficionado a la alquimia. En un viaje a Londres se introduce en el mundo de los filósofos herméticos, hasta llegar al manuscrito de Abraham el Judío, un documento que en su día custodió Nicolás Flamel, un personaje del siglo XIV que según algunos testimonios alcanzó la inmortalidad y vive en Italia. Ésta es la base argumental de 'La alquimia del unicornio' (Ed. Almuzara), la tercera novela de Antonio Rodríguez (Córdoba, 1959), que ayer presentó su obra en la Feria del Libro de Málaga.

Planteado como una reflexión sobre el mito de la inmortalidad, la novela de Rodríguez es «un cóctel perfecto de aventuras, misterios e intriga», en palabra del profesor y parlamentario andaluz, Antonio Garrido, que ayer asistió a su presentación. Garrido defendió el interés de la novela, que se publica «en una constelación de obras sobre temas esotéricos y misteriosos». Eso sí, el crítico dijo que esta obra «no tiene nada que ver» con la «nefasta» 'El Código da Vinci'.

Del autor, Garrido destacó su interés por los temas de la obra, en especial, el esoterismo y la alquimia. Sobre el planteamiento, dijo que era «utópico», porque la inmortalidad «siempre ha sido así». «Es una obra que entretiene, en la que el amor y el erotismo se convierten en el camino para llegar a la inmortalidad», señaló.

Por su parte, el autor explicó que la idea de la obra surgió tras un viaje a Sintra, donde conoció a un alquimista, que le habló de Nicolás Flamer. «Me fascinó la historia y decidí ponerme a investigar», apuntó, al tiempo que señaló que el grueso de la obra lo escribió en su apartamento de vacaciones en Caleta de Vélez.



Vocento