LLEGAN con el atardecer y se sientan sobre el césped raquítico de las pocas manchas verdes que hacen las veces de oasis en estas playas lamidas por el mar de La Malagueta. Con los ojos perdidos por el horizonte miran y miran y así pasan horas y horas. Son los negros, que han llegado hasta aquí y que ahora sobreviven dedicados a lo que les dejan. Por la tarde llegan paseando hasta la orilla del mar y se sientan a mirar el horizonte por entre las brumas de este mayo neblinoso. No hablan, sólo miran el horizonte. Desaparecen cuando al final del día el cielo se adentra por sus pieles de negros. Con la noche desaparecen. No sé si porque ellos son parte de la noche.
Los blancos de aquí han clasificado sus cuerpos y sus almas. Algunos, muy pocos, son legales, según esos blancos. Otros, los más, son ilegales, según esos blancos. Aquí los negros se dividen en con papeles y sin papeles. Tienen papeles o no tienen nada. Los primeros pueden vivir y trabajar en lo que rechazan los blancos. Los otros viven y trabajan, pero no existen. Las carreteras, los edificios son construidos por hombres que no existen. Por eso al atardecer miran el horizonte y buscan, entre las brumas de este mayo neblinoso, algo o alguien que les revele su existencia y les diga que están aquí, entre nosotros, que forman parte de nosotros.
Entre ellos los hay que encienden candelas junto al mar al anochecer de los domingos. Es para verse y saberse. Los blancos que a esa hora abandonan estas playas miran el fuego, pero a ellos no los ven. Los blancos sólo ven a quienes tienen papeles y son legales. El resto del mundo no existe, no está ahí ni aquí. Ellos desde el fuego miran el horizonte. Detrás del horizonte está África. Junto a ellos y junto a sus fuegos pasan los blancos que abandonan hasta el próximo domingo estas playas. Para esos blancos gran parte del mundo es invisible y África es un lugar desde el que llega mucha gente que no existe. En el mundo de los blancos de aquí, las carreteras y los edificios son construidos por hombres que no existen y que son invisibles. Los invisibles, los que no existen, los que miran el horizonte han llegado hasta estas playas, pero no están con nosotros, no están aquí.
Quizás un día algún blanco les tienda un papel en el que está escrito su nombre y el nombre de la tierra donde nacieron. Un blanco, en nombre de todos los blancos de aquí, les dirá que ya existen, que ya están aquí. Ese día podrán volver a su tierra para contar que durante mucho tiempo miraron al horizonte y fueron invisibles.