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Domingo, 14 de mayo de 2006
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EDITORIAL
EDITORIAL
Marbella: radiografía en la salida del túnel
SI todo sondeo debe interpretarse con prevención aunque con el interés incuestionable de indagar en las tendencias del futuro, esta primera consulta demoscópica sobre la Marbella del post-gilismo, en un escenario completamente cambiado bajo la administración de una gestora de transición hasta las elecciones de mayo del próximo año, añade el aliciente de empezar a desbrozar las consecuencias electorales de este confuso paisaje mutante en una localidad en que sus dos primeras espadas surgidas de las urnas están en prisión, la administración local se asoma a la bancarrota pero a la vez manteniendo un prestigio resistente como ciudad de bandera de la Costa del Sol y además con potencialidades no muy erosionadas. Esa fuerza a la vez simbólica y real va a convertir la batalla de Marbella en una de las referencias en los comicios locales de la próxima primavera y, desde luego, el sondeo publicado ayer y hoy por SUR contribuye a despejar algunas incógnitas, desestimar ciertos lugares comunes y fijar el foco en los puntos nucleares bajo el liderazgo provisional del PP, la recuperación dinámica del PSOE y la sorprendente resistencia del gilismo sociológico.

La mayoría absoluta del Partido Popular al iniciarse la carrera electoral obedece a una lógica perfectamente previsible: se trata del único partido que se resistió a morder la manzana del pecado del gilismo, y por tanto rentabiliza esto beneficiándose no sólo de ese plus de legitimidad histórica sino además de una candidata identificable masivamente con una valoración apreciable y un trabajo de oposición justamente reconocido. A esto se añade la debilidad de sus rivales en ese mismo plano, si bien el PSOE parece haber superado ya el trauma del parentesco con Isabel García Marcos y cuenta con la candidatura potencialmente competitiva del consejero de Turismo y sobre todo la posibilidad de rentabilizar la gestora, bien valorada más allá de su identificación con el PSOE. En efecto, el bipartidismo emergente -en un ciclo de crisis se tiende a la seguridad de las grandes siglas- anticipa la marginalidad de IU y del PA, pero en cambio un tercio de la población mantiene una valoración positiva del gilismo, dato sin duda inquietante puesto que una parte significativa de la población se declara todavía dispuesta a votar una lista independiente.

La evaluación de este escenario debería desalentar las tentaciones del adanismo como si el contador empezara desde cero. No es así. Tres de cada cuatro marbellíes señalan a los partidos, la administración autonómica y la Justicia como responsables de que la corrupción pudiera incrustarse en el sistema hasta contaminar todas sus extensiones; y esto significa un nivel no sólo alto sino ancho de escepticismo que puede ser rentabilizado por nuevos aventurerismos populistas o incluso por los ya conocidos. En este sentido, la recuperación de la credibilidad del propio sistema constituye una prioridad indeclinable que debería anteponerse a las estrategias partidistas que puedan poner en riesgo ese objetivo básico para el interés general. En este período de transición, Marbella requiere altura de miras, desde luego más de lo que es norma en la actividad política cotidiana. Es cierto que la gestora no sólo va a amortiguar el hundimiento socialista sino tal vez a relanzar a este partido con posibilidades de competir por una alcaldía que las elecciones anticipadas hubiesen dado con certeza a los aspirantes más legitimados del PP, pero las dificultades legales y técnicas de la situación aconsejaron esta solución y ya no hay margen para tácticas de desgaste. Los dos grandes partidos, depositarios del éxito de una salida democrática para Marbella a partir de las próximas elecciones, deben asumir esa obligación moral y competir sin deslealtad institucional por encabezar el futuro equipo de gobierno del Ayuntamiento de Marbella.



Vocento