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Domingo, 7 de mayo de 2006
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MÁLAGA
MOVIMIENTO DEMOGRÁFICO. LA POBLACIÓN FORÁNEA
Cambio de rumbo: Málaga para vivir
Un día se sintieron atraídos por el clima, la gente , la medida del tiempo, y las posibilidades de la ciudad. Querían bajar un ritmo frenético y tuvieron la certeza de que aquí era posible. No se arrepienten
HUBO un tiempo, no hace mucho, en el que existía la idea bastante generalizada de que para triunfar profesionalmente había que salir de la ciudad de provincias y buscar suerte en alguna de las grandes urbes. Madrid o Barcelona se convirtieron así en metas para quien perseguía realización, éxito y prestigio.

Décadas después, las tornas han cambiado. El ritmo frenético y la agresividad de las grandes ciudades han colmado la paciencia de muchos, que han vuelto la mirada hacia lugares en los que la mayor calidad de vida se alza como un valor impagable.

No son pocos los que han decidido cambiar de rumbo, dirigir el barco de sus vidas hacia el litoral malagueño y echar anclas en aguas más apacibles, aunque no por ello con menos posibilidades. Y no se trata sólo de parejas de nórdicos en busca de inviernos cálidos y tranquilos paseos marítimos donde disfrutar de una jubilación envidiable. No. Cada vez son más numerosas las personas que han optado por el cambio estando en plena actividad laboral.

Los datos sor reveladores: El año pasado, el 35% de los habitantes de la capital no habían nacido en la provincia, lo que significa que 200.000 personas de otras regiones la han elegido para vivir. El número de foráneos es aún más significativo en localidades costeras como Marbella, Fuengirola o Benalmádena.

El clima es sin duda un factor importante a la hora de la elección, especialmente para los extranjeros, pero hay otras cualidades que vuelcan significativamente la balanza a favor de la provincia. Una de ellas, a juzgar por por lo que ellos mismos dicen, es la apertura de sus gentes, que posibilita una rápida integración y con ella la sensación de no ser un extraño ni siquiera cuando se acaba de llegar. La existencia de servicios e infraestructuras adecuadas, incluso en los municipios pequeños, y el significativo ahorro de tiempo que viene de la mano de distancias más cortas y aglomeraciones menos agresivas son también factores que jugaron en favor de una ansiada sensación de comodidad y que pesaron a la hora de decidir finalmente un cambio que rondó sus cabezas durante algunos años antes de producirse finalmente.

Hoy no les pesa haber perdido capacidad económica, en los casos en los que así ha sido, y ni siquiera aquellos que han cambiado de profesión sienten nostalgia por los tiempos pasados. Dicen que cuando miran atrás hay cariño, pero no arrepentimiento.

Ellos están absolutamente convencidos de que perder los nervios a diario no compensa, como también lo están de que invertir en pos de un mayor sosiego es más que rentable.



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