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Domingo, 7 de mayo de 2006
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OPINIÓN
LA ROTONDA
Mentiras
MENTIR es más fácil cuando no hay que dar la cara. Los móviles han supuesto una ayuda impagable para ello. «Lo siento, pero te pierdo...» o «me estoy quedando sin batería» son excusas perfectas para muchos usuarios de estos teléfonos, según dicen las encuestas. Un 15 por ciento de los consultados admite que ha llegado a imitar el sonido de ascensores o el ruido de transportes para deshacerse de su interlocutor.

En Internet han comenzado a aparecer lugares como 'El club de las excusas', cuyos flamantes miembros están dispuestos a facilitar una coartada a aquellas personas que envíen un mensaje pidiendo ayuda. Una compañía llamada Kargo planea empezar a vender este verano sonidos prefabricados que simulan una tos fuerte o determinados sonidos de fondo que sugieren la estancia en un lugar concreto que ayude a hacer creíble la coartada.

Hay gente para la que mentir es tan natural que lo consideran un aspecto más de su personalidad, como ser tímido u observador. No sólo no se avergüenzan de hacerlo sino que alardean de ello y en petit comité son capaces de explicar a un auditorio afín que no les quedó más remedio que hacerlo esperando su asentimiento.

Las tecnologías ayudan, pero no nos engañemos: mentir es un vicio nacional. De la larga lista de posibles mentiras sólo las piadosas y las que se realizan en legítima defensa son admisibles.

Claro, que a veces es la propia tecnología la que genera la necesidad de dar rienda suelta a la imaginación para buscar una salida airosa. En cualquier sitio, y realizando cualquier actividad el móvil puede sonar y la persona que llama espera que se coja de inmediato. Hay impacientes que son capaces de llamar varias veces seguidas, pensando quizás que si uno no lo coge es porque no insiste lo suficiente. Cuando finalmente contestas, acorralada, llega la trola.

A esto también se le llama progreso.



Vocento