LO prometido es deuda y ellos están dispuestos a cumplir a rajatabla su compromiso. Poco antes de las elecciones generales se lo dijeron a todo aquel que les quiso escuchar: «Si votáis a cualquiera de los partidos que apoyan los matrimonios homosexuales os invitaremos a nuestra boda». Para el caso de las mujeres, la promesa incluía que serían madrinas del enlace. El compromiso no fue sólo verbal, sino que quedó recogido en una especie de pasquines que repartieron y que muchos de sus vecinos y amigos guardaron. La elecciones, ya es sabido, trajeron un cambio de gobierno y con él la aprobación, no sin polémica, de la ley que permite las uniones civiles de parejas del mismo sexo.
Así que Salvador Luna, ceramista de 51 años y Antonio Hernández, 47 años y director del colegio de Ojén, se casan el próximo día 13 en el Ayuntamiento de Coín, y al enlace están invitadas nada más y nada menos que 700 personas, muchas de las cuales recordaron a la pareja lo que dijeron en esos tiempos preelectorales.
Burlas olvidadas
Pero además, entre los invitados hay también gente que hace años veía la homosexualidad como un motivo de burla y que hoy demuestran que los tiempos y las mentalidades han cambiado: «Sí, también vendrá gente que hace años se burló de mí y me llamó mariquita y esas cosas. Esa humillación dolió en su momento, pero ahora está todo olvidado. Estoy feliz de que las cosas hayan cambiado tanto y de que gente que antes se metía conmigo ahora acuda con normalidad a celebrar este enlace», dice Salva.
Aunque las madrinas oficiales del enlace serán sus respectivas madres, los novios contarán además con otras 300 madrinas, todas ellas mujeres: «Las mujeres han sido nuestras cómplices. Nosotros creemos que hemos hecho esta revolución de la mano de muchas mujeres. Han sido ellas las que nos han apoyado, las que nos han comprendido y las que han sido nuestras confidentes. Es un reconocimiento a ellas. Por ejemplo, mi madre, que tiene 80 años, viene a la boda y me va a llevar de su brazo orgullosísima y con la cabeza muy alta», dice Salvador, que no pierde la ocasión para apuntar que ahora le toca hacer su propia revolución a los hombres heterosexuales, «que están... digamos que poco suaves».
En la información que la pareja ha repartido sobre la boda se dan las indicaciones para ser madrina de honor: «Queremos tener cientos de madrinas. Si tú quieres ser una de ellas sólo tienes que firmar en un Libro de Honor que portará un rucho gracioso a la puerta del Ayuntamiento. A cambio recibirás un clavel rojo que tendrás que llevar durante la ceremonia en cualquier parte de tu anatomía y ser así reconocida».
Rucho ¯lo explica Salvador¯ es burro joven, pero eso en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua: «Entre los gays y las mujeres damos por sentado que rucho es un hombre joven, vamos un maromo. Nosotros hemos contratado a un cubano de 23 años, que seguro motivará a la madrinas para que se pongan el clavel en el escote».
Y a pesar del rucho, y de que el modo elegido para llegar al Ayuntamiento así como los trajes se anuncian como sorpresa, Salvador Luna reitera que su pretensión no es que el enlace se convierta en un circo, porque su boda, como ya anunciaron, es un compromiso público, un recordatorio de la lucha por la igualdad de derechos y un reconocimiento a todos aquellos que han sufrido en el camino.
Así se desprende de las invitaciones que han repartido y en las que expresan su agradecimiento a todas aquellas personas que han luchado por la igualdad y que se han mostrado como seres libres, sin olvidar «a todas aquellas que fueron humilladas, encarceladas y torturadas por quererse». Por esos valores y por estas personas se hará el brindis que precederá al enlace, y que es la invitación que los novios realizan a los asistentes, dado el elevado número final: «Incluso algunos padres nos están preguntando si pueden llevar a sus hijos. Nos parece estupendo. Será la primera vez que muchos niños vean el enlace de dos hombres y eso fomenta que se normalicen las relaciones homosexuales», dicen.
Derechos humanos
Salvador y Antonio tampoco tienen intención de hacerse con un buen pellizco en virtud a los regalos de boda. La pareja ha abierto una cuenta en La Caixa, a nombre de Amnistía Internacional. Ellos han pedido que el dinero de los regalos vayan a parar allí, «para seguir luchando por los derechos humanos en el mundo. Acabamos de empezar y ya hay más de 2.000 euros». Lo que sí tendrá esta pareja, que se conoció hace nueve años a través de una anuncio en prensa, es luna de miel: «Nos queremos dar un baño de arte, así que nos vamos a Roma y a Florencia»
El futuro matrimonio ha contado también con la colaboración del Ayuntamiento de Coín, a través del alcalde, Gabriel Clavijo. Como en el salón de actos sólo caben 200 personas, se han dispuesto pantallas exteriores y megafonía para que se pueda seguir el acto desde el exterior y también se escuche alguna que otra alusión a la iglesia, que la habrá. Además estará presente la asociación de gays, lesbianas y transexuales Ojalá, a la que pertenece la pareja y que repartirá pegatinas con la leyenda: «Nosotros somos familia».
Dos guerrilleros de Málaga, así se despiden en la carta dirigida a Pedro Zerolo, en la que le felicitan por su boda y le invitan al enlace en Coín. Dos guerrilleros. Ciertamente, eso son.