Ni carreras por los pasillos, ni llantos a la hora de comer, ni risas un domingo por la mañana. Cada vez es más habitual encontrar edificios enteros en los que no vive ni un solo niño, y en los que sus ancianos moradores se siguen citando en los portales para evocar tiempos lejanos. Málaga envejece. El encarecimiento de la vivienda, la emancipación tardía de los jóvenes y el aumento de la calidad de vida de la tercera edad hacen que en la actualidad el número de niños sea solo ligeramente superior al de jubilados en la capital (87.321 frente a 79.229).