Había desembarcado en París ese mismo verano, harto del ambiente neoyorkino. Animado por sus amigos franceses, encontró un estudio diminuto en Montparnasse. Aquella tarde tomaba café con una amiga en la terraza de La Rotonde. Entonces la vio. Pequeña, oscura y pálida. Kiki, reina de la bohemia. Le pidió que posara para él y en la segunda sesión ya eran amantes. Tres años más tarde, el artista pintó sobre la espalda de su musa las hendiduras de un violonchelo y así, en 1924, Man Ray firmaba 'El violón de Ingres', uno de los iconos de la historia del arte contemporáneo.