 PERCANCE. Cortés fue cogido por su segundo toro / CHEMA MOYA. EFE |
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| FERIA DE ABRIL |
Lugar: Plaza de toros de la Maestranza de Sevilla. Decimotercera de abono. Lleno. Primaveral.
Ganadería: Cinco toros de Parladé (Juan Pedro Domecq Morenés), de buenas hechuras, y un sobrero cinqueño de La Dehesilla, que se jugó de segundo y salió encastado, incierto y agresivo. El tercero de Parladé, excelente. Dio mucho juego el sexto. Buenos primero y cuarto, que duraron poco. El quinto se echó.
Cartel: Javier Conde, pitos en los dos. El Fandi, saludos en los dos. Salvador Cortés, dos orejas y dos orejas, y a hombros por la Puerta del Príncipe. |
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A los dos toros de Parladé que tumbó de sendas estocadas memorables les cortó las orejas el torero de Mairena Salvador Cortés. La bondad fue nota común a uno y otro toro. Pero el tercero de corrida le sacó en calidades, potencia y estilo no poca distancia al sexto. Los dos fueron de bello remate, pero también en eso ganó con ventaja el tercero, que lo tenía todo en su sitio y por orden. El sexto, corto de manos, dio la impresión primera de toro acochinado. No luego. Al estirarse ganó plaza. El primero vino ligero, humillado y entregado. Por las dos manos repitió con boyantía. Un toro sin secretos. El sexto se trompicó un poco, fue de más cortos viajes.
El tercero se frenó de salida, se quedó en el caballo pero echó la cara arriba en la segunda vara, se vino arriba en banderillas, donde se definió como los toros de categoría, y ya no paró de querer. El sexto acusó de partida ese parte de batalla que se libra cuando la cosa empieza con un torero plantado de rodillas a porta gayola para librar larga y seguir después con tralla en pie, que fue el caso.
Cuando se fue a porta gayola, Salvador contaba la corrida como un triunfo. Y eso que hace apenas un año que recibió la alternativa. Dos orejas. Sólo las dos estocadas fueron dignas de premio. Con espléndida limpieza en el primer turno. Dejándose el alma en el segundo, porque del embroque de la estocada, hasta la bola, salió Salvador prendido por el muslo derecho. En seco derrote lo tuvo el toro colgado un instante. Cayó de pie el torero, de inmediato rodó el toro y la euforia se desbordó. El presidente no pudo negarse.
Pero es que antes de las estocadas, Salvador cuajó faenas de muy buen acento. El trasteo fue de gran limpieza. Redondas las tandas de cuatro y el remate cambiado. El garbo seco de una trinchera y dos cambios de manos fueron puntos clave para romperle para bien a la faena sus líneas seguras y predecibles. La búsqueda de la igualada se hizo muy enojosa. Hasta nueve muletazos por las dos manos. Parecía que el toro se los había dejado dentro. Y tal vez. La sincera entrega del torero contó por encima de cualquier cosa.
Valiente entrega
Por si quedaban dudas sobre esa disposición, vino la descarga de cañones del último toro. La apuesta a porta gayola, el raro empaque de los lances atropellados que siguieron, y que provocaron a la gente y a la banda de música, y, en fin, el aliento suficiente como para abrir faena desde los medios. Citando de largo al toro, que estaba en la primera raya y se vino al galope. El aguante y ya el ajuste del primer embroque, el temple también, la ligazón sin rectificar y muleta por delante, la pasión de una tanda de las de romper con la pana. Se embaló todo. Por la mano izquierda, embroques y remate fueron de mejor logro. Y, al cabo, en una nube el torero de Mairena, que sólo hace año tomó la alternativa aquí mismo y le cortó también las orejas a un bravo toro de Cuvillo.
Javier Conde estuvo muy presente en sus dos turnos. Para bien y para mal. Afanoso y seguro pero muy al hilo del pitón con un primer toro sardo que tuvo más bondad que raza. Exageradamente abierto o escondido con el cuarto, que, brusco de salida, se acabó dejando bien antes de rajarse. Conde tuvo en contra un grupo de gente que no le perdonó ni la menor renuncia. Y la hubo.
El Fandi se las vio primero con un sobrero de Pereda encastado pero listo, algo probón y con recámara. El toro, con su pizca incierta, se metió las dos o tres veces que le abrió hueco El Fandi. Valerosa faena de buen corte y bien tramada. En banderillas los alardes fueron los habituales. El primer par, con El Fandi esperando en el estribo junto a chiqueros y dejando al toro venirse a fuerte gas, fue de riesgo. El Fandi salió de dentro afuera y cuadró al salto en la cara. El quinto fue el de peor nota de los seis, al sexto muletazo se echó y cayó el telón. Parado en banderillas, el toro hizo interminable el tercio. Hubo que darle dos vueltas al pasodoble para sólo tres pares.