SI normalmente los programas de desintoxicación intentan involucrar a las familias en el proceso, en el caso de los adolescentes es una máxima, porque una de las claves del éxito es la reeducación, y no sólo del menor, sino de toda la familia.
Resulta un tanto curioso oir a María del Carmen Torres explicar que hay que empezar prácticamente por volver a situar los roles en su justo lugar, para que todos entiendan que «papá es papá y mamá es mamá». La frase es simple, pero ejemplifica un problema típico que se repite en las familias que acuden a Proyecto Hombre para tratar a sus hijos adolescentes: la pérdida de autoridad de los padres y la confusión de roles. Los padres consienten y permiten casi por norma, y los hijos no aceptan un no y actúan desde el chantaje: «Si no haces lo que digo, si no haces lo que quiero, me pongo violento, me pongo agresivo, monto un cirio y lo consigo», vienen a resumir los expertos.
Establecer límites
El programa para Adolescentes de Proyecto Hombre dura aproximadamente un año. Hijos y padres -en el 90% de los casos, son las madres las que participan en la medida- acuden una o dos veces por semana al centro, según la gravedad del caso. «Trabajamos aspectos educativos. Intentamos reorganizar el orden familiar, establecer de nuevo los roles y una serie de normas y límites muy claros», asegura la responsable del programa. Además, enseñan a unos y a otros a negociar y a que se respeten los acuerdos surgidos de las negociaciones. «También trabajamos la comunicación, porque es básico para educar sentarnos a hablar», afirma el director de Proyecto Hombre.
Así, semanalmente los chicos se comprometen a cumplir una serie de objetivos, tanto en el colegio como en su casa, y el no cumplimiento de lo acordado conlleva consecuencias. «Lo que pretendemos es que sepan que en la vida no hacer las cosas bien comporta unas consecuencias negativas, del mismo modo que hacerlas bien conlleva consecuencias positivas», explica Soriano. No salir un fin de semana o hacer determinadas tareas en casa puede ser el 'castigo' por no cumplir el acuerdo alcanzado en la negociación previa.
La experiencia con los padres de hijos adolescentes con problemas de consumo hace concluir a estos expertos que existe un miedo notable a poner normas, a establecer límites y a decir que no. «Hay que reorganizar un entorno familiar que está dañado y que se ha desestructurado. Hay que volver a encajar las piezas y cada uno tiene que volver a asumir sus funciones», comentan.