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MÁLAGA
MÁLAGA
Esqueletos industriales
Las fábricas que dieron calor al movimiento obrero son hoy mudos gigantes abandonados. Chatarreros y 'okupas' son su única compañía
Esqueletos industriales
BOLÍGRAFOS. Fernández, ex secretario provincial de CC.OO., tuvo su primer trabajo en Sacaba.
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EL INVENTARIO
Chimeneas

Azucarera Larios: Se conserva.

Fundición Trigueros: Derribada. Estaba en la calle Canales.

Unión Española de Explosivos: Se conserva. Paseo Antonio Banderas.

Los Guindos: Se conserva, en mal estado. Paseo Antonio Banderas.

Fundición Ramírez y Pedrosa: Se conserva. Calle Ferrocarril.

Olivarera Peninsular: Derribada en 2003. Estaba en calle Velasco.

Cerámica Sta. Inés: La antigua chimenea desapareció. Queda la nueva.

La Alemana: Central eléctrica. Se conserva. Calle Purificación.

La Inglesa: Central eléctrica. Se conserva. Calle Maestranza.

El Tarajal: Se conserva.

La Térmica: Se conserva. Es BIC.

Colema: En mal estado.

Edificios

Campsa: Desaparecido. En su lugar está el Parque Huelin.

Tabacalera: Albergará la sede del Ayuntamiento en el futuro.

Edificios de Renfe: El economato de calle Velasco se derruyó. Se conserva otra nave para exposiciones.

Estación de Renfe: Eliminada para construir la nueva estación.

Metalgráfica Lapeira: Edificio de Strachan en la calle Ayala. Se conserva.

Italcable: Conservado. Es la casa hermandad de Mena.

Matadero: Se conserva el edificio de oficinas, pero muy cambiado.

Cerámica Sta. Inés: Se conserva el conjunto de casas de la colonia.

La Alemana: Antigua central térmica. En desuso, pero se conserva.

Bodegas Mata: Cooperativa farmacéutica. En estado ruinoso.

Puerto: El silo está siendo derruido.

La Inglesa: Central térmica en la calle Maestranza. Desaparecida.

Bodegas Romero: Semiderruido. En el solar se construirán viviendas.

Salyt: En activo. Traslado previsto.

El Tarajal: Se conserva, aunque en estado de abandono.

Bodegas Barceló: Rehabilitado. Actual Colegio de Médicos.

Casa del Guardia: En activo.

Citesa: Se conserva, pero el nuevo PGOU prevé viviendas en el solar.

Intelhorce: Sus nuevos propietarios conservarán la nave principal.

Amoniaco: Desaparecida.

Butano: Va a ser desmantelado.

Astilleros Nereo: En activo. Se prevé su demolición a largo plazo.

La Araña: Se derribó la 'casa del director', obra de Guerrero Strachan.

Aceites Minerva: Desaparecido.

Conjuntos residenciales

Desaparecidos: El Bulto, La Pelusa y La Isla.

Se conservan: Huelin, La Sauceda, Colonia Santa Inés y La Araña.

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ES curioso cuánto puede cambiar el significado de una palabra con el tiempo. Cuando los niños del 'baby boom' iban al colegio, los libros de texto mostraban fotos de esas fábricas arquetípicas con tejados de diente de sierra. A mediados del siglo XX la industria, sin llegar a ser sacralizada como en los países soviéticos, aún era símbolo del progreso. Pero no faltaba mucho para que la derrocaran el turismo y el ladrillo.

Hoy el progreso habita en rascacielos y urbanizaciones, hoteles y campos de golf. La caprichosa palabra se ha vuelto burguesa y huye de la grasa y el humo. Málaga olvida que un día fue potencia industrial mientras se desmoronan sus últimos vestigios. Fábricas que hasta hace una o dos décadas rebosaban actividad, languidecen hoy en el más absoluto abandono.

La fábrica de bolígrafos

En el edificio de Industrias Mecánicas y de Precisión del Plástico -más conocida como la fábrica de bolígrafos-, el tiempo está detenido en 1989. La culpa del embrujo es de los cientos de almanaques de plástico -de los que se pegan al salpicadero del coche- que descansan desparramados por el patio. Todos con la misma fecha. No mucho más duraron sus máquinas encendidas, pues la planta ubicada junto a Sacaba Beach dejó de funcionar en los 90, después de surtir durante treinta años a España y parte del extranjero de bolígrafos, llaveros, escudos del Barcelona y el Real Madrid...

Poco conocida en Málaga, esta industria marcó un hito, pues fue de las primeras de España en hacer bolígrafos a gusto del consumidor, es decir, con formas e impresiones elegidas por el cliente. Lo atestiguan las cajas esparcidas por la fábrica, llenas de 'bolis' que nadie estrenará. Tampoco nadie sabe decir por qué cerró, aunque sí que el solar fue expropiado con motivo de la ampliación del paseo marítimo. Sus dueños no se molestaron en llevarse ni una máquina; de eso se encargan los chatarreros. «Pagan 50 euros por 500 kilos», chapurrea Patrick, un alemán que vive de la chatarra que araña con un modesto serrucho. Su hogar es una caravana aparcada junto a la fábrica, donde convive con su mujer e hijo.

Inocencio Fernández, ex secretario provincial de Comisiones Obreras, tuvo su primer trabajo en la fábrica de bolígrafos. «Tenía 16 años y entré como fresador», recuerda al observar las pocas máquinas supervivientes. «Ésta servía para hacer líquido el plástico. Un compañero, Aranda, perdió una mano mientras la arreglaba». La conciencia obrera de Inocencio nació allí, al calor del plástico fundido. Luego vendrían Intelhorce, Automóviles Higueras, Siemens o la fábrica de amoniaco, y su larga trayectoria como sindicalista.

Inocencio se ve a sí mismo como un privilegiado al conocer a los actuales habitantes de 'su' fábrica: inmigrantes que han hecho de este edificio su refugio. Duermen en la zona de oficinas, cocinan en una hoguera dentro de los vestuarios y pasan el rato en el patio, sentados en unos sillones rescatados de la basura. Francesco, italiano, ha montado allí su propia tienda de 'souvenirs'. «El primer llavero que se hizo en la fábrica. Un euro», ofrece mientras abre su muestrario de terciopelo rojo. Su compatriota Luchiano anda preocupado por lo que ha descubierto en el laboratorio de la fábrica: bidones llenos de líquido sobre los que reza el rótulo «Cianuro de cobre». «Puede venir un loco y hacer algo malo», advierte.

Los depósitos de butano

A pocos metros de la fábrica de bolígrafos agoniza otro fósil de la industria malagueña. Son los depósitos de Butano, esas enormes esferas blancas que almacenaban el gas de las cocinas malagueñas. Su desmantelamiento se califica de inminente desde hace años. El destino del recinto está escrito en el nuevo PGOU: uso residencial. Es una jugosa parcela en primera línea de playa, sí, pero también un interesante conjunto de construcciones donde los usos industriales y lúdicos se combinan. Y es que además de almacenes, oficinas y zona de carga y descarga, el recinto tiene pistas de tenis, una piscina y un chalé donde vivía el director.

El recinto a día de hoy bulle de actividad, eso sí, menos lícita que la que Butano desarrollaba. Chatarreros a pie, en moto, bici y furgoneta desfilan por allí cargados de materiales arrancados a los depósitos. «Llevaos todo lo que podáis, que en unos días esto lo empiezan a desmantelar», les avisaba hace unos días el vigilante de seguridad contratado por Repsol Butano, no se sabe bien con qué objetivo.

En Málaga los depósitos son un estorbo, pero en países como Francia, instalaciones similares se han aprovechado para uso recreativo y cultural. Así lo reivindica José Antonio Ruiz, presidente de la Asociación Cultural para la Defensa de las Chimeneas y el Patrimonio Industrial de Málaga. «En París hay un parque en el que se habilitaron unos depósitos de gas como espacios expositivos», explica.

Pero más preocupado está José Antonio por el destino de El Tarajal. Por mucho que las Administraciones digan que se salvará de la quema, su asociación no se fía. Por eso han pedido cita al delegado provincial de Cultura para asegurarse de que esta industria construida en 1930 por los Larios sea protegida. En sus orígenes, el inmenso edificio de ladrillo fue una azucarera, pero tras la Guerra Civil se convirtió en corchera.

El valor de El Tarajal no es sólo arquitectónico -el libro 'Patrimonio industrial de Andalucía: portafolio fotográfico' lo cita como uno de los mejores ejemplos de arquitectura obrera andaluza- sino histórico. Es uno de los últimos ejemplos que quedan en pie de la industria azucarera malagueña. «¿Qué mejor que habilitar aquí un museo de la industria?», inquiere José Antonio Ruiz mientras señala la chimenea de 90 metros, que proclama su fecha de nacimiento: 1931. Quién le iba a decir a este orgulloso edificio que acabaría convertido en corral, donde los ocupantes de las casas vecinas -también abandonadas- guardan animales.

Las bodegas Romero han corrido peor suerte. Del edificio donde se ubicaban, en la calle Alderete del barrio de Segalerva, sólo queda en pie la mitad. Y no por mucho tiempo, pues en el solar se va a construir un bloque de viviendas. Es difícil encontrar a alguien que conozca la historia de estas bodegas, a pesar de que era una de las grandes junto a Quitapenas y López Hermanos. Tirando del hilo se llega a uno de sus herederos, que cuenta que fue fundada por Antonio Romero Cañete en los años 30. Llegó a tener 16 tabernas y producía vinos, licores, coñac y aguardientes con la marca Las Artes. Su licor de apio, conocido como 'licor sopa', se hizo muy popular. Las desavenencias entre los nietos del fundador motivaron su cierre, hace dos décadas. La asociación que preside José Antonio Ruiz sólo ha podido rescatar una botella del naufragio. La última añada de Las Artes. Un día, confía, tendrá su lugar en un museo.



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