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EDICIÓN
Un país de libros para la inmensa minoría
Uno de cada cuatro títulos publicado en España tiene una tirada inicial que no supera los 500 ejemplares, y uno de cada cinco está editado por su propio autor
Un país de libros para la inmensa minoría
ILUSTRACIÓN: IVÁN MATA
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MUCHOS autores relevantes firmarán en las próximas horas sus últimos títulos en las diferentes casetas montadas en todo el país con motivo del Día del Libro. Unas casetas en las que no estarán presentes los escritores cuya difusión se basa en tiradas muy bajas y los que han optado por la autoedición. Un fenómeno claramente emergente: cuatro de cada cinco editoriales creadas el pasado año corresponden a la figura de un autor que ha prescindido de las editoriales convencionales o no ha conseguido que le publiquen y ha optado por ser su propio editor. Más de 1.700 editoriales de las 2.056 que se constituyeron en 2005 corresponden a la figura del autor-editor, según cifras de José María Barandiarán, consultor del sector del libro.

La reducción de los costes y la facilidad técnica para poner un volumen en la calle (que no en las librerías) hacen que sean miles los autores que cada año se deciden a dar a la imprenta sus obras. Así se explica, en parte, la saturación del mercado editorial, que pone a la venta anualmente más de 60.000 títulos en España: un 20% corresponde a autores que se autoeditan. Si a eso se suman los que publican en editoriales convencionales, pero con tiradas inferiores a los 500 ejemplares, se completa el panorama de lo que significa en España la edición minoritaria. Casi libros a la medida para un mercado que sólo entiende de cifras millonarias. Y, sin embargo, hay hueco para ellos, como confirman los editores y la terca realidad de los datos.

«Publicar es hoy más fácil que nunca». Lo confirma Barandiarán, quien cree que la explicación es muy sencilla: la edición digital, cuando se trata de tiradas muy bajas (en general, inferiores a 350-400 ejemplares) ha abaratado los costes. Un libro de 200 páginas, sin ilustraciones y en formato no muy grande, tiene un coste de producción, para una tirada de 50 a 400 ejemplares en imprenta digital, de unos dos euros por unidad. Es decir, que por unos 100 euros (o unos 800 si quiere una tirada amplia), ese autor con una novela en el cajón o una colección de poemas guardada en una carpeta, puede realizar su ilusión de verlos impresos y encuadernados.

La democratización de la edición tiene, no obstante, algunos inconvenientes de cara a la calidad del producto: «Los libros son peores en cuanto a la corrección del texto, por la velocidad y la facilidad a la que puede plantearse la publicación y por el hecho de que no hay detrás un editor que se preocupe de corregir el contenido», dice Barandiarán.

Dificultades para vender

Las dificultades comienzan si ese autor quiere vender su libro. En ese caso, deberá pedir un número de ISBN y más tarde conseguir un distribuidor o gestionar directamente la venta en algunas librerías. Por un escaso coste adicional, la imprenta envía al distribuidor o las librerías indicadas los paquetes con los libros. No es fácil que un distribuidor se haga cargo de un texto de un autor desconocido, ante la perspectiva de un beneficio escaso o inexistente. Eso hace ya casi imposible que el volumen llegue a las grandes superficies, porque, como comenta Barandiarán, no aceptan fácilmente libros que no les lleguen de distribuidores habituales, dado que el trabajo de meter en su proceso de administración un nuevo proveedor (el autor-editor, en este caso) no les compensa ante las previsiblemente muy reducidas ventas de la obra.

En las librerías convencionales tienen alguna posibilidad más. «Muchas veces nos llega el autor con su obra bajo el brazo», comenta Kepa Torrealdai, responsable de una cadena de librerías. Si el autor es local, es probable que el librero coloque en las mesas de novedades el texto, y si hay suerte incluso en el escaparate. «Allí estará un par de semanas, para después pasar a los anaqueles durante unos meses. Al cabo de medio año -dice Torrealdai- los ejemplares sobrantes serán devueltos al autor y se le abonarán los vendidos. Sólo en casos excepcionales, incorporamos al fondo de la tienda ese tipo de títulos». Los que han llegado de la mano de un distribuidor siempre tienen un trato mejor. En parte, porque, como comenta Torrealdai, «nos fiamos del distribuidor, que ya ha hecho una primera selección de los libros que más se ajustan al estilo de la librería».

Sin apenas diferencia

Una parte creciente de los autores que deciden editarse a sí mismos recurre a la imprenta digital. Ésta permite reducir los costes y la calidad es tan parecida que sólo los expertos son capaces de apreciar la diferencia. Así, pequeñas colecciones y, especialmente, la poesía han encontrado en la impresión digital la vía para darse a conocer, ya que tiradas que en algunas ocasiones no superan los 200 ejemplares resultan muy caras realizadas en el offset convencional.

Los autores no conocidos que encuentran editorial se evitan todos los problemas de logística a los que deben responden los que son editores de sí mismos. Cuando se habla de pequeñas tiradas, recuerda Barandiarán, no se debe pensar sólo en sellos de reducidas dimensiones: «Muchas editoriales grandes tienen colecciones que se componen de títulos de los que apenas se lanzarán unos pocos centenares de ejemplares».

Pequeñas y grandes se tientan la ropa a la hora de fijar el volumen de la tirada de obras que por su tema o por estar escritas por un autor nada familiar al lector pueden tener ventas muy reducidas. «Para pequeñas colecciones o cuando no sabes si el libro funcionará porque el autor no es conocido, la edición digital viene muy bien porque permite ir reeditando según se necesiten más ejemplares», explica el poeta y editor Kepa Murua. Estas pequeñas tiradas son útiles también «para publicar a autores muy minoritarios pero que prestigian a una editorial o cubrir un hueco en el catálogo con escritores semidesconocidos aquí», aunque tengan gran prestigio en otros lugares.

Una nueva vía para abaratar costes está en encargar la impresión, en offset, fuera de España. El lugar preferido en los últimos tiempos es China, y no es sólo cuestión de pequeñas ediciones. Muchas grandes superficies encargan a imprentas del gigante asiático la publicación de libros que en enormes cantidades serán vendidos en sus centros comerciales. De nuevo, la calidad del contenido puede sufrir, dado que aunque hay un número ya no desdeñable de técnicos chinos que leen el español nunca se puede cuidar el detalle como cuando es la lengua materna de los impresores.

La última posibilidad, si se habla de pequeñas tiradas, es que una editorial convencional publique el texto pero reclame al autor alguna suma que compense por el riesgo de poner en el mercado un título del que, salvo gran sorpresa, sólo caben esperar ventas mínimas. Ésta es una vía que se abre ante muchos autores que han visto rechazados sus originales por falta de gancho comercial o que simplemente no tienen tiempo para iniciar una larga peregrinación de editorial en editorial con su manuscrito debajo del brazo.

Anticipo del autor

Beta III Milenio es una de las editoriales que se destaca por sus apuestas por autores noveles, aunque en algún caso, como reconoce Antonia Delgado, editora del sello, sí le plantean un pago por la edición del libro. «Pero con una condición: nosotros no editamos, ni aunque el autor pague toda la tirada, si el libro no alcanza el nivel de calidad que exigimos. Todo original es examinado en primer lugar y, si no es bueno, se rechaza. Si lo es, podemos plantear una edición convencional, o buscar algún tipo de subvención». Eso sucede con aquellos libros que por su temática pueden ser apoyado por algunas instituciones.

Cuando no se da ni una cosa ni otra («y eso pasa sobre todo con la poesía», comenta Delgado) y las expectativas de venta son muy escasas, la editorial plantea el pago de una cantidad o la renuncia inicial a los derechos por parte del autor. «No se puede hablar de una suma fija porque depende mucho del tipo de libro, sus dimensiones y otras características», comenta la responsable de Beta. «Si un libro tiene una expectativa de venta de al menos 500 ejemplares, ya es suficiente para plantearse una edición convencional», coinciden Delgado y Murua. En cualquier caso, Beta trata igual a todos los libros y sus autores, con independencia de que sea una edición convencional, subvencionada por alguna institución o financiada en parte por el autor. Todos están en el mismo catálogo y a todos se les organizan presentaciones y actos promocionales.

No sucede así con todas las editoriales que publican compartiendo riesgo con el autor. Algunos de éstos se han llevado una decepción tras haber pagado una cantidad por imprimir unos centenares de ejemplares de sus libros, y luego nunca llegan a ver ninguno en librerías ni en catálogos por Internet, y apenas si se hacen con unas pocas decenas de volúmenes que el editor les entrega. El libro existe, pero con una tirada que nada tiene que ver con la prometida y sin que tenga la menor distribución.

Por eso, cuando un autor quiere financiar parte de la edición debe vigilar en qué manos se pone, advierten los especialistas. Si no es así, una edición pequeña puede convertirse en unas pocas decenas de ejemplares, y para eso, como dice Delgado, mejor hacer unas fotocopias, encuadernarlas y regalar los volúmenes a los amigos. Es más barato y menos frustrante.



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