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Jueves, 20 de abril de 2006
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Milenio: Dislate
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CHAVES no se rinde y Arenas no se deja. Esta sería la expresión popular y resumida que mejor podría describir la situación de estancamiento que envuelve las posiciones políticas entre ambos mandatarios políticos con respecto a la negociación sobre la reforma del Estatuto andaluza. Un desencuentro, en realidad, que supera con creces la temporalidad reciente y que se remonta a diez años atrás, cuando Chaves convocó por primera y única vez elecciones anticipadas en la breve historia de la Andalucía autonómica.

Eran los tiempos de la llamada 'Pinza', con un Arenas candidato a la presidencia de la Junta por un PP muy distinto al actual, más abierto y flexible, y que se erigía en favorito en los sondeos. Arenas perdió 'in extremis' aquellas elecciones y a partir de entonces, aun cuando sus relaciones con Chaves nunca habían sido especialmente cálidas, evolucionaron hacia la desconfianza mutua, las descalificaciones cruzadas y los diálogos de sordos sucesivos.

Pero nada comparable con la situación actual, muy subrayada, además, por la desabrida línea de oposición general del PP al poder socialista en la política nacional. Y mientras Arenas va de gallego ante una escalera, o de Guadiana en un día de brumas, ora negando, ora afirmando, dibujando acercamientos o proclamando rechazos absolutos al texto estatutario que se intenta reformar, lo que no deja de resultar un dislate en esta Andalucía inquebrantablemente española, Chaves hace acopios de la voluntad propia, y de la inducida por su educación cristiana, para seguir intentado que el PP salga en la 'foto-finish' del nuevo Estatuto.

Es una pugna, en cualquier caso, que no cala excesivamente en este cuerpo social andaluz tan sabio desde siempre a la hora de discernir lo que es importante y lo que no para sus intereses colectivos. Pero sería deseable, y sobre todo estético, que la letra del nuevo Estatuto estuviese refrendada por las cuatro siglas que completan el espacio legislativo andaluz. Y, además, esta España tan probada y superviviente se merece poder mirar relajada y satisfecha hacía el sur.



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