LA tarde se resistía a irse sin ver antes a la Paloma de Málaga en la calle. Por eso, cuando la Virgen de los ojos verdes pasaba a las nueve de la noche por la Tribuna de los Pobres, cuyas maniobras fueron dirigidas por el anterior alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano, los últimos rayos de sol del día se reflejaban en el dorado de su majestuoso trono junto a la candelería encendida. Fue la única Paloma de la noche porque las otras, las que se soltaban a su paso, no pudieron volar de las manos de niños y mayores como todos los años por una prohibición de la Junta de Andalucía a causa de la gripe aviar.