Con el galardón más importante de la arquitectura, el brasileño Paulo Mendes da Rocha, de 78 años, no pretende jubilarse ni acomodarse. En su amplio y desordenado estudio se ve trabajo por todos lados. «Niemeyer (el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer) todavía trabaja y tiene 20 años más que yo. Es parte de la vida, vivir es trabajar y yo no siento que trabajo», bromea. Su pensamiento es poético como su obra y preocupado con cuestiones sociales, con una ciudad que abrace a todos y no mande a los pobres a vivir en la calle o en la periferia.