«Es totalmente imposible predecir el resultado, nunca me había sucedido. Se juega verdaderamente todo en un puñado de votos, dentro de 40 millones de personas. Hay que esperar a los resultados oficiales definitivos», decía con sincera perplejidad a medianoche de ayer el responsable de Nexus, la primera firma estadística italiana. Nueve horas después del cierre de los colegios, no se sabía absolutamente nada porque Berlusconi y Prodi estaban totalmente empatados. Las proyecciones y cálculos de voto no podían llegar a discernir qué ocurriría en el escaso margen que decidirá las elecciones y, por tanto, Nexus anunció su retirada. Era casi la una de la madrugada y sólo quedaba esperar que terminara el escrutinio. Italia se fue a la cama con todas las hipótesis abiertas: victoria de Prodi en las dos cámaras, o de Berlusconi también en las dos, o de cada uno en una. El temido empate, que obligaría a repetir las elecciones, también era muy posible.