Un aficionado, un simple aficionado, captó más atención ayer que todos los jugadores del Málaga. Un desconocido entrado en kilos que se ganó a la concurrencia provocó que durante un cuarto de hora nadie, ni siquiera los jugadores visitantes que calentaban en la banda, atendiera al partido. Fue la única nota festiva en una tarde triste, marcada por los gritos desde la grada, la marcha del Frente Bokerón y la desangelada actuación de un equipo hundido, sin alma ni corazón, que recibió una soberana lección del Getafe de principio a fin.