En 1825 Stephenson aplicó la maquina de vapor capaz de desplazarse como fuerza de tracción para arrastrar vagones, que antes eran tirados por caballos y personas. La idea de desplazarse así por vía terrestre supuso la aparición del ferrocarril moderno, como medio de transporte para mercancías y personas. La revolución de la velocidad acortó el tiempo de los desplazamientos y permitió vertebrar el comercio interior, escasamente desarrollado hasta entonces. La eclosión del bajo coste ha tenido el mismo efecto en el sector turístico, siendo el factor clave que ha revolucionado la forma de viajar en todo el mundo.