EL viaje sorpresa realizado por la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, y su homólogo británico, Jack Straw, es un claro síntoma de que el estancamiento institucional que vive el país no puede prolongarse mucho más. Más claros no han podido ser los jefes de la diplomacia de los dos países que lideran las fuerzas de la Coalición en Irak y que en su momento -especialmente los norteamericanos- encabezaron la ofensiva militar; tanto que el propio ministro británico de Asuntos Exteriores dijo ayer en Bagdad que quienes han perdido muchos hombres y mucho dinero en poner fin a la dictadura de Sadam Hussein, pueden esperar legítimamente ser correspondidos con un esfuerzo político local al servicio del proyecto común de crear un Irak estable y democrático. Y, desde luego, muy poco se distanció de las palabras de Straw la que es actualmente la persona de mayor confianza de Bush al afirmar que si bien no es su trabajo decir quien debe ser primer ministro, sí es imprescindible reiterar la urgencia de crear un Gobierno de unidad encabezado por alguien que ejerza un potente liderazgo nacional.
El cansancio que la Administración Bush muestra hacia la incapacidad del actual primer ministro en funciones, Ibrahim al Yaafari, del partido chií religioso Al Dawa, es tan notorio que incluso antes del viaje a Bagdad la embajada norteamericana tuvo que desmentir que el propio presidente Bush se hubiera dirigido por carta al jefe del primer partido chií, Abdulaziz al Hakim, para pedirle que se buscara otro candidato.
Washington y Londres han iniciado con este viaje un 'protocolo' de presión al más alto nivel encaminado a acelerar la formación de un Gobierno de unidad nacional capaz de integrar a todas las sensibilidades políticas y comunitarias y, por tanto, con posibilidades reales de asumir la gran operación que se necesita para darle una oportunidad a Irak de salir adelante: desactivar la insurgencia suní y propiciar la creación de un intenso movimiento popular contra el terrorismo de cuño yihadista. Y es que mientras esto no se produzca, todo lo demás es, sencillamente, perder tiempo, dinero y muchas vidas humanas, algo que al legislativo norteamericano le importa cada día más.