AL Partido Andalucista (PA) nunca hay que perderle la pista; hay que observarlo, cuando menos, con el rabillo del ojo. Y más, ahora, con esto de la reforma estatutaria y la pretendida supremacía catalana en la carrera autonomista/ soberanista. Y así, observando estas recomendaciones, estuvimos pendientes el pasado domingo de la militancia andalucista mientras celebraba el Día del Partido en San Fernando, cuando, por cierto, los fundadores del PSA (la sigla iniciática del actual PA) decidieron celebrar este Día del Partido el primer domingo de la primavera de cada año.
La conclusión más determinante fue que la fiel infantería andalucista, con su gerontocracia al frente, está un poco revolucionada en su estado de ánimo. Repartieron descalificaciones múltiples e insultos gruesos (aunque hay que admitir que en estos tiempos una descalificación en la vida política es más un lugar común que un agravio) contra el adversario socialista, y, en menor medida, contra el PP. Beligerancia que se explica considerando la ruptura PSOE-PA que afectará al Ayuntamiento de San Fernando y a la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar.
Y es que esta segunda generación, tercera si se precisa con mayor exactitud, de militancia andalucista es más beligerante que las precedentes, ya apartadas de la acción política. Y tiene su explicación: la primera fue, mayormente, un grupo de la burguesía instalada e ilustrada que tuvieron que inventarse un partido para no ingresar en la militancia comunista y, en consecuencia, fueron más teóricos que activistas callejeros, mientras que la segunda generación siempre latió y respiró a la sombra de los fundadores.
De forma que los de ahora desean borrar el pasado «pactista» en la Junta y todas y cada unas de las contradicciones de sus predecesores, pero lo tienen complicado en una sociedad donde sólo el 4 por ciento se siente como nación y la condición española no se cuestiona en absoluto, aunque el agravio comparativo siempre estará ahí.