El sábado, curiosamente 1 de abril, comenzó el futuro del Málaga. Pocos, muy pocos en el club confiaban en la remontada, aunque al menos se aferraban a un par de triunfos consecutivos contra la Real y el Getafe para reducir a la mitad la desventaja de ocho puntos. La decimoctava derrota selló un descenso casi irremediable. Para la entidad de La Rosaleda comienza el proceso de transición hasta el arranque de la campaña venidera, un periodo que los propios dirigentes pronostican como «un verano largo y complicado».