LAS llamadas 'Torres de Repsol' han llegado como caídas del cielo para los que pensamos que Málaga tiene que contar con elementos arquitectónicos propios y apuestas de vanguardia para encarar el futuro de una forma muy diferente a como lo hizo en el pasado. La proyectada edificación, como ya han escrito en estas mismas páginas expertos como Moreno Peralta, de todas formas, exige un cuidadoso desarrollo en el que la calidad y la exigencia han de ser elementos de primera utilización para no caer en la mediocridad y el error. Málaga necesita echarle valor a un urbanismo diferente, algo distinto que cree personalidad, que pueda servir de signo de identificación de una urbe con vida y pensamiento propio, y para eso, sin duda alguna, hay que contar con proyectos propios. Pese a la limitación que tiene Málaga para su desarrollo y crecimiento urbanístico por el mar (bendito freno), hay unas zonas delimitadas en las que se puede realizar un importante desarrollo natural con proyectos globalizados que den no sólo ese marchamo al que antes me refería, sino que busque la sustentación de las capas sociales más abundantes de nuestra población. Para eso hay que exigir ideas diferentes, en las que la ciudad gane tanto en calidad de vida como en prestaciones globales. Sin duda, las 'torres' no están en una zona de expansión como son Teatinos-Puerto de la Torre o el norte de las rondas, pero sí que pueden ser el motor necesario para el cambio de un sector de la ciudad en positivo. Tenemos que buscar la Málaga del futuro, y arriesgarse no significa siempre equivocarse...