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Martes, 28 de marzo de 2006
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Musaui confiesa que iba a pilotar un avión para estrellarlo contra la Casa Blanca
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En menos de una hora en el estrado, Zacarías Musaui, el único detenido en relación con los atentados del 11-S de 2001, se las arregló para hacer pedazos todo el caso que sus abogados defensores habían construido durante cuatro años y medio, ganándose con ello una probable sentencia de muerte. Hasta que él mismo dijo ayer que iba a pilotar un quinto avión en la fecha de los atentados que cambiaron la historia, nadie había podido probarlo.

Por algo sus letrados habían intentado desesperadamente evitar su testimonio, pero nada logró hacerle cambiar de opinión. Su confesión previa en abril del año pasado ya había servido para declararle culpable de conspiración para cometer actos de terrorismo. Con este juicio, que está en recta final, el Gobierno pretende obtener la pena capital en lugar de cadena perpetua, al creer que si hubiera cooperado con el FBI al ser detenido se hubieran evitado 3.000 muertes.

Musaui relató ayer que su compañero de armas en aquel vuelo mortal que debía acabar estrellado contra la Casa Blanca era Richard Reed, detenido tres meses después y condenado a cadena perpetua por intentar prender los explosivos plásticos ocultos en la suela de su zapato durante un vuelo de American Airlines que cubría la ruta entre París y Miami.

«Muy involucrado»

Durante el juicio que se celebra en Alexandria (Virginia), el joven francés de origen árabe, de 37 años, había irrumpido a gritos contra la autoridad de jueces y abogados, y lanzado proclamas de apoyo a Al Qaeda. Esta vez, para pesar de sus abogados, fue correcto y calmado. Musaui dijo reconocer los rostros de doce de los secuestradores que participaron en el 11-S, y saber que Mohamed Atta, líder de esos atentados, estaba «muy involucrado».

Sin embargo, y esto es lo único a lo que aún puede aferrarse la defensa para salvarlo, Musaui asegura que no conocía el día en que se iban a producir, ni los detalles. Ni siquiera sabía que los secuestradores a los que ha reconocido se encontraban en Estados Unidos. Sólo se le había dicho que la misión se produciría «después de agosto» de 2001, y que dos de los aviones se dirigirían contra las Torres Gemelas.

Según su declaración, Al Qaeda le pidió convertirse en un terrorista suicida en 1999, pero él lo rechazó. Un año después tuvo un sueño que comentó con Osama bin Laden, el cual le convenció para sumarse a la misión.



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