DE manera oportuna se ha elegido este año para conmemorar el Día Meteorológico Mundial el lema 'Prevención y atenuación de los desastres naturales'. Los huracanes Katrina, Wilma y Beta que en el otoño afectaron al sur de Estados Unidos y el Caribe, el tsunami que sufrió Indonesia, el paso de la tormenta tropical Delta por las islas Canarias a finales de noviembre, y anteriormente los restos del huracán Vince en la Península, son los ejemplos más recientes de los terribles y devastadores efectos que pueden causar los fenómenos meteorológicos extremos en estrecha relación con el clima.
Históricamente, Málaga ha padecido este tipo de fenómenos meteorológicos adversos, salvando todas las diferencias espacio-temporales, en una escala muchísimo más reducida, que se remontan incluso al 23 de septiembre de 1661, cuando las crónicas refieren, y describen, sin duda de manera exagerada, una inundación en Málaga como la más inaudita que haya padecido población alguna de nuestra historia desde el diluvio universal, pasando por la riada repentina del Guadalhorce el 15 de octubre de 1840 en Álora, hasta las inundaciones más recientes como las de noviembre de 1989 y las del Rincón de la Victoria en 2004, sin olvidar el período 1990-1995 como la última gran sequía, o el minitornado que en abril de 2000 afectó a la zona comprendida entre Benagalbón y Vélez-Málaga.
En los últimos 25 años se han logrado avances enormes en el conocimiento de los componentes específicos del sistema climático (océano, tierra, atmósfera, criosfera), la pericia de las predicciones a medio plazo ha mejorado de manera continuada y se han creado muchas nuevas oportunidades y desafíos en la investigación y las aplicaciones para hacer frente a los desastres naturales (inundaciones, sequías, temporales de nieve y viento etc.).
La sociedad siempre se ha enfrentado a estos fenómenos de la naturaleza con los medios disponibles en cada momento. Hoy, la predicción meteorológica contiene descripciones bastante detalladas del tiempo que cabe esperar en los próximos días (recuérdese los oportunos avisos del temporal de viento en los primeros días de este mismo mes). Cuanto mayor sea la anticipación de un aviso sobre las condiciones que puedan ocasionar daños, más fácil será tomar medidas para combatirlas. Gracias a las técnicas modernas y al progreso de los conocimientos científicos se pueden predecir muchos riesgos atmosféricos, pero la exactitud y la predicción del lapso de tiempo hasta que aparece el fenómeno varía en función de cada caso, tipo de riesgo y, a veces, la región geográfica.
En los últimos años se ha mejorado el control y la vigilancia del estado del tiempo gracias a los satélites meteorológicos, y a otras tecnologías de sensibilidad a distancia, así como al desarrollo de los modelos numéricos. Aunque todavía cabe mejorar la predicción de riesgos de perturbaciones intensas y las inundaciones por súbitas crecidas, las mayores posibilidades de progreso radican en el aprovechamiento de la capacidad existente mediante el establecimiento de sistemas de predicción a tenor de los últimos adelantos.
La comprensión cada vez mayor de los procesos de correlación entre la atmósfera y el océano está abriendo nuevas perspectivas para mejorar las predicciones de largo alcance. Los ordenadores más rápidos se utilizan en simulaciones matemáticas cada vez más realistas de los sistemas sinópticos (altas presiones, bajas presiones, corrientes en chorro, etc.). que controlan los cambios diarios de los elementos meteorológicos ( viento, temperatura, tipo y cantidad de precipitación, nubosidad, etc.). Últimamente estos modelos incluyen un número cada vez mayor de procesos físicos que se producen en la atmósfera, mejorando así las predicciones del tiempo con varios días de antelación. En definitiva, los potentes ordenadores actuales (el Instituto Nacional de Meteorología dispone de uno de los ordenadores más potentes de España capaz de procesar 1 billón de operaciones por segundo), son la espina dorsal de los sistemas de telecomunicaciones, y constituyen instrumentos esenciales para meteorólogos e hidrólogos a todos los niveles, siendo incorporados en sistemas de observación tan diversos como las estaciones automáticas de observación, radares meteorológicos, sensores instalados a bordo de satélites y los sistemas de observación a bordo de globos que sondean el viento, temperatura y presión hasta los más elevados estratos de la atmósfera.
En un continuo proceso innovador, a finales del próximo mes de junio se lanzará además el primer satélite europeo de órbita polar, Metop-A, que proporcionará datos globales contribuyendo a mejorar las predicciones de tiempo severo y así contribuir a la mitigación de desastres naturales, además de apoyar la vigilancia del clima y el medio ambiente.
Hoy en día se escribe mucho y se habla más sobre la influencia humana en el clima, incluidas las relaciones entre las variaciones naturales del clima y los cambios inducidos antropogénicamente. En este sentido conviene tener en cuenta que la detección del cambio antropogénico depende de una rigurosa evaluación de los datos observados y simulados para ofrecer estimaciones de los cambios en parámetros climatológicos clave, incluidos valores extremos. Para calificar completamente cualquier cambio detectado, hay que tener en cuenta todas las incertidumbres, y también admitir los forzamientos que faltan o son inciertos. A pesar de la creciente similitud de las sensibilidades de los modelos, los cambios climáticos predichos suelen ser muy distintos de un modelo a otro. Los cambios futuros que se anuncian también son sensibles a las parametrizaciones, lo que demuestra la necesidad de seguir mejorando a través del uso de diagnósticos y análisis más discriminatorios de las diferencias entre los modelos y las observaciones.
De esta forma, podemos ver que el siglo XXI estará lleno de oportunidades y desafíos. La intersección de los avances tecnológicos mencionados con los progresos en las capacidades de comunicación, como la llegada de Internet y de otros sistemas interpersonales, supone una oportunidad sin precedentes para sacar provecho del fenomenal crecimiento de los datos y de la información de que se dispondrá durante los 25 primeros años de este siglo.