LA oposición ha venido a decir que el alcalde de Málaga respalda con entusiasmo un presunto pelotazo urbanístico a partir de la recalificación del suelo de los bidones de Repsol. Hay, seguros, 82 millones de euros que reportará al Ayuntamiento triplicar la edificabilidad del lugar. Queda mucha calculadora por teclear hasta saber el saldo neto. No sólo hay euros de por medio. Ideas así tienen un precio que pagan o reciben los ciudadanos de múltiples formas, desde posibles problemas de movilidad en una zona saturada donde las cinco mil viviendas a partir de las torres de diseño pueden ser un grave daño colateral hasta la revalorización de los bloques del entorno que nadan entre la uralita del pasado y el AVE del futuro. El presidente de los arquitectos alerta de los riesgos de esa 'carrera de las torres' a la que se apunta cualquier ciudad. La operación para convertir un erial de 18 hectáreas en el Manhattan malagueño lleva el sello de la modernidad ya secular del rascacielos, pero según y como el rascacielos. La Malagueta fue el primer intento, pero no pasó de una maratón del encofrado sin virguerías a ver quien amurallaba antes el horizonte. Ahora , los promotores de la idea, con arquitecto de lujo en nómina, dicen que los edificios van a reflejar incluso el mar. Bueno, no pedimos tanto. Los urbanistas más urbanitas y el vecino de enfrente ya están en la fase del realismo mágico contra viento y marea de la oposición. Cuatro torres de 16 pisos y un rascacielos de 40 allí donde la ciudad pierde su casto nombre es una gran oportunidad. Se van a recalificar metros cúbicos de aire para crear un nuevo Centro urbano. Todo un hito y un reto en la capital de la casa mata.