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Carmen Peral: «Es un reto hacer una ciudad moderna sobre medidas antiguas»
Carmen Peral / Jefa del Servicio de Arqueología del Ayuntamiento de Málaga / Licenciada en Filosofía y Letras en la rama de Historia / Con su abuelo, el archivero Francisco Bejarano, aprendió a mirar la ciudad / Conoce Málaga y su historia como la palma de su mano / Entusiasta y positiva, le gusta disfrutar con las posibilidades que la vida le da / Le estimula el placer de trabajar en lo que le gusta / La costura, una manualidad para relajarse / La literatura, los paseos y el ejercicio físico , obligados / Se considera una persona aceptada, y «eso es un parámetro estupendo para vivir».
Carmen Peral: «Es un reto hacer una ciudad moderna sobre medidas antiguas»
YACIMIENTO. Carmen Peral, en una excavación en el centro histórico. / CARLOS MORET
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Carmen Peral / Jefa del Servicio de Arqueología del Ayuntamiento de Málaga / Licenciada en Filosofía y Letras en la rama de Historia / Con su abuelo, el archivero Francisco Bejarano, aprendió a mirar la ciudad / Conoce Málaga y su historia como la palma de su mano / Entusiasta y positiva, le gusta disfrutar con las posibilidades que la vida le da / Le estimula el placer de trabajar en lo que le gusta / La costura, una manualidad para relajarse / La literatura, los paseos y el ejercicio físico , obligados / Se considera una persona aceptada, y «eso es un parámetro estupendo para vivir».



¿Cómo eran los malagueños fenicios?

Unos privilegiados porque vivían en un paraje intocado y con la misma benevolencia de clima. Un poco más húmedo, pero vivían en una ciudad que era un joya.

Romanos y musulmanes, ¿también vivían en el paraíso?

La ciudad fue creciendo y llegaron más. Debían vivir un poco más abigarrados y la convivencia sería un poco más complicada. A más gente, ya sabemos, más follones. Pero se organizaron. Los romanos se organizan sobre la ciudad fenicia, la modelan, pero no la alteran demasiado. La gente debía vivir de una forma muy agradable, pero muy laboriosa.

¿Y los musulmanes?

Llegaron con una sociedad más estructurada a nivel orgánico. Modificaron mucho la ciudad, la bigarraron, la cercaron y estrecharon las calles.

Unos sibaritas.

El trabajo era duro, en el campo y en el mar. En la necrópolis musulmana de la avenida de Andalucía encontramos individuos con los brazos superdesarrollados, con huesos lastimados, con señales frontales de haber arrastrado pesos enormes.

También fabricaban garum.

Estaba todo a la mano. Primero fueron los fenicios los que establecieron esta industria cuando vieron que los atunes saltaban delante de sus ojos. Lo único que tenían que hacer era cogerlos. Fue una industria que dio mucha fama a esta ciudad. Los industriales malagueños tenían su representación en Roma y eso hace que perdure un sistema de trabajo y de vida. Las primeras piletas las conocemos en torno al siglo I y se mencionan prácticamente hasta el siglo V. ¿Cinco siglos produciendo un producto ya tiene que tener un poco de categoría!

De aquellos remotos familiares, ¿nos ha quedado poso más allá del arqueológico?

Hay un poso. La gente en Málaga es callejera, en pocas ciudades se vive tan hacia afuera como aquí. Málaga es una ciudad muy escarpada y eso obligaba a la gente a reunirse en los llanos. Somos muy sociales, nos gusta recibir a la gente. El medio modela a las personas.

El urbanismo salvaje, ¿ha robado parte de nuestro álbum familiar?

Sí. Pero el deterioro ha venido por la propia vida de la ciudad. El XVII mató mucho. La desamortización y el XIX arrasaron lo suyo. Y los años 50 del siglo pasado fueron la puntilla, porque empezaron a hacerse los aparcamientos y los sótanos. Y esa dinámica ha seguido. El paliativo que los arqueólogos le hemos dado es poder documentar parte de la historia antes de que se pierda. No se puede diseñar la ciudad sin que antes haya hablado. La ciudad antigua nos puede dar parámetros para decidir la actual. Y eso estaría bien que lo asumieran los arquitectos, no sólo los arqueólogos. Es un reto hacer una ciudad moderna sobre unas medidas antiguas.

Las constructoras, ¿siguen siendo disolvente de la memoria?

Ha cambiado mucho. La gente ha comprendido que respetar unos restos arqueológicos a la hora de construir puede ser una medalla que se ponen. Un ejemplo: el librero Paco Puche, que es un referente en esta ciudad porque nadie quería saber de murallas y él decidió que la muralla era un adorno para su negocio.

Frente a la ignorancia, ¿funcionan las leyes de protección?

Hemos avanzado mucho. Cuando no funcionan es porque las administraciones se pierden en una cultura más aparente que real.

Una piedra, una cerámica, un hueso. ¿Son algo más que un libro abierto?

Es una posibilidad de acceder a un mundo. A lo mejor no son expresivos por sí mismos, pero sí cuando los relacionas unos con otros.

¿Los ojos de un arqueólogo son radiografías del tiempo?

Eso quisiera yo. Más bien sirven para leer, interpretar la Historia, que siempre es interesada.

¿Cuánto folios ha escrito sobre la historia de la ciudad?

Quisiera haber escrito mucho más, porque me voy a llevar a la tumba muchas de las cosas que sé.

De las Málagas que conoce, ¿con cuál se queda?

Con la actual, porque me permite tener las demás.



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