CON la caída del imperio romano, las invasiones de los pueblos germánicos y la conquista islámica de la península, Ronda vive una nueva edad de oro que viene acompañada de numerosos cambios. Las comunidades indígenas, hispano godas, se adaptan rápidamente a los nuevos pobladores procedentes del norte de África, no sin mediar antes varios enfrentamientos. Y es que los cambios fueron bruscos e importantes. Con ellos desaparece, por ejemplo, la consideración de señor y siervo -cuya relación giraba en torno a la renta-, un concepto feudal que el Islam no reconoce, ya que éste aboga por un estado central y tributario. Finalmente fueron los árabes quienes vencieron e impusieron su nuevo modelo de estado, que llegó de manos del califato de Abderramán III.
Hasta la época nazarí
Fue entonces, a mediados del siglo X, cuando Ronda comenzó a resurgir como ciudad, un esplendor que se prolongó hasta la época nazarí. El licenciado en Historia Medieval y técnico arqueólogo del museo de Ronda, José Manuel Castaño, terminó aquí ayer su relato del pasado rondeño, que continuó el también licenciado en Historia Medieval Jorge Padial, con 'La Ronda almohade y nazarí'.
La sociedad califal se desarticuló entre los siglos XI y XIII, comenzando un periodo de invasiones africanas que iniciaron los almorávides -que permanecieron hasta mediados del siglo XII-, siguieron los almohades -hasta principios del siglo XIII- y culminó con el reino nazarí de Granada, dentro del cual se enmarca Ronda. En cuanto a los restos arqueológicos, nada queda de la época almorávide, aunque sí hay importantes vestigios de la almohade y la nazarí -con la presencia de los meriníes-, como los Baños Árabes, la Casa del Gigante y el recién excavado barrio de San Miguel. Precisamente este barrio nazarí, conocido también como el de las mancerías, las curtiderías o el arrabal bajo, vivió su época dorada entre los siglos XIII y XIV, cuando Ronda era la única vía de comunicación con la alta Andalucía. Entonces esta zona, situada entre murallas y junto al río, acogía toda la actividad preindustrial de la ciudad.
Se reforzó con murallas
A partir del siglo XIV, Ronda queda como último bastión del reino nazarí de Granada, y se aprovecha para reforzar sus murallas. En este sentido, el profesor titular de Historia Medieval por la Universidad de Málaga, Manuel Acién, explicó que estas fronteras estaban marcadas por los despoblados -se buscaban sitios más seguros donde concentrar a los lugareños-, además de presentar numerosas diferencias de las cristianas. Las murallas árabes se hacían para defender a toda la población, y disponían de enormes puertas, al menos durante la estancia de los meriníes. Posteriormente, a mediados del siglo XIV, Mohammed V centraliza la defensa del reino y nombra alcaides para cada fortaleza, lo que facilitó la conquista cristiana, ya que estos, que no eran del lugar, se inmiscuyeron en las luchas internas de bandos y linajes.