EL 'macrobotellón' convocado para el próximo día 17 por ilustradas masas estudiantiles, a las que tanto debemos, por cierto, está revitalizando el viejo y esperpéntico debate político entre las distintas áreas competenciales de la escena política, todas ellas ávidas de quitarse el mochuelo de encima sin ningún tipo de disimulo.
Y a todo ello, comienza a registrarse, como era obligado y deseable, la reacción de la ciudadanía afectada. No es para menos: serán siete, de las ocho capitales andaluzas, las que tengan que soportar, una vez más, «el derecho a divertirse» de estas masas ilustradas que en ejercicio de las 'libertades básicas' de la democracia dejarán en los espacios públicos que utilizarán toneladas de basuras y excrementos sólidos y líquidos, con sus correspondientes aromas.
No hay ningún fenómeno social de la época que refleje con mayor nitidez la tendencia creciente del poder político a rehusar la asunción de determinadas responsabilidades, especialmente cuando éstas se les antoja antipopulares, como es el caso de las concentraciones callejeras de la 'botellona', auténtico brazo armado de la movida.
Unos representantes políticos, pues, tan 'prudentes' como ingenuos, al considerar que los consumidores y príncipes de las 'botellonas' suelen ejercer mayoritariamente el derecho al voto. En realidad, más pueriles que ingenuos.
Llama la atención, en cualquier caso, que el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, tan comedido, por lo general, considere que la alarma ciudadana ante la llamada 'macrobotellona' se ha «magnificado». Es obvio que el señor alcalde no se ve afectado en sus horas de descanso por este 'derecho' juvenil a ocupar el espacio público sin tasa de tiempo, distinción de horario ni preocupación por la conservación del espacio de todos y respeto al descanso ajeno.
Con listas abiertas en las elecciones, tal vez este fenómeno sería impensable.