SALADA, con sabor a lejía, o con demasiada cal.Así definen los consumidores malagueños el agua del grifo. La mayoría de los encuestados ladean la cabeza cuando se les pregunta si el nuevo líquido purificado por la planta de El Atabal les ha ayudado a ahorrar en agua embotellada. Argumentan que el agua corriente les sigue «sabiendo raro» y se resisten a desterrar este producto de su carrito de la compra.
Mari Carmen Martínez es de las testarudas. Su bolsa le delata. El plástico deja entrever el envase de tres botellas de agua mineral en su interior. «Yo nunca bebo del grifo. La noto salada y no me convence. Así, no me queda más remedio que venir todos los días a por la 'botellita'», apunta mientras enseña su compra a las puertas de un conocido supermercado.
En casa de Pedro Frutos, llevan «décadas» bebiendo agua embotellada. Este maestro asegura que lo suyo es «tradición». Un hábito que tampoco ha logrado alterar la mejoría de la calidad del líquido del grifo. «Estoy acostumbrado a consumir agua mineral desde pequeño. El cambio tenía que haber sido muy muy significativo como para que me hubiese planteado pasarme a la de grifo», afirma Frutos.
Una elección que a muchos les sale cara. Y sino que se lo pregunten a Pilar Ramírez. Esta consumidora ha hecho cálculos y asegura que en su hogar-de cuatro miembros- el gasto en agua embotellada asciende a una media de 70 euros mensuales. Es el coste, dice, de beber una garrafa diaria de cinco litros de una de las marcas menos económicas del mercado.
Un poco mejor
Pese a la reducción del nivel de salinidad y de la dureza del líquido, Dolores Medina -ama de casa- confiesa que se resiste a beber el agua del grifo. «En mi familia sólo tomamos mineral. La corriente me sabe rara, como a lejía, a cloro, y no la soporto».
Juan Carlos Sánchez, estibador, reconoce que ahora el agua corriente está «un poco mejor». Sin embargo, continúa comprándola envasada. «No me miro en gastarme dinero en salud, además tenemos niños pequeños y prefiero darles mineral», expone.
Quien si que ha dado su brazo a torcer, al menos en parte, ha sido Paqui Ruiz. Esta estudiante afirma que sigue cargando de agua mineral en el súper, «pero menos que antes». Poco a poco empieza a darle un voto de confianza a la nueva agua del grifo.