Cien días después de su ascenso al poder y pese a los graves problemas que lastran a Alemania, Angela Merkel es la política más popular del país, los ciudadanos parecen satisfechos con su Ejecutivo y los socios de la gran coalición no escatiman elogios a la gestión de la primera canciller germana.
«Es brillante», admite sin pudor el jefe del Gobierno bávaro, Edmund Stoiber, otrora feroz crítico de Merkel. «Tiene éxito en lo que hace», dice por su parte el socialdemócrata Peter Gabriel, ministro de Medio Ambiente. «Es capaz» fue el breve y rotundo elogio que le brindó el vicecanciller y titular de Trabajo, Franz Müntefering.
Tampoco la prensa, que no había ocultado su fobia contra Merkel, enjuicia con benevolencia su aún corta trayectoria en la cancillería. «Esta mujer tiene las dotes para ser canciller», constataba el 'Franklfurter Rundschau', un combativo periódico de izquierda. «Impresiona sobre todo a causa de su estilo», recogía la revista 'Der Spiegel'.
«Me siento aclimatada», dice cuando le preguntan por su corto liderazgo al frente de la primera potencia económica de Europa. De hecho, pocos gobiernos germanos fueron tan bien recibidos.
En noviembre, el 61% de los alemanes creían que el Ejecutivo de gran coalición sólo aportaría cosas negativas. Pero en febrero el porcentaje bajó a un 18% y, algo también raro en la selva política alemana, un 30% de los 'verdes' y liberales reconocen que el Gobierno trabaja mejor de lo esperado.
La más admirada
Pero todavía hay más. Tres meses después de jurar el cargo, un 75% de los alemanes afirman que Merkel está realizando un buen trabajo y otro 85% admite que es la política más popular y admirada del país, una cota que jamás alcanzaron sus predecesores.
La receta es tremendamente simple y efectiva. No crear grandes expectativas y evitar el desencanto. «Una política de pasos pequeños», como ella misma definió su estrategia para gobernar. Pero la clave de la popularidad de Merkel y la aceptación de su Gobierno tienen que ver con un aspecto que comienza a inquietar. La canciller no ha puesto en marcha las reformas que necesita Alemania.
En cambio, ha brillado en el escenario internacional. No se olvida su exitosa mediación en la última cumbre europea y sus críticas a Guantánamo antes de visitar a Bush. Además, criticó la política rusa en Chechenia ante Putin.