IN extremis. En el último de los días previstos, la expedición de malagueños al Aconcagua tuvo final feliz. La mañana del 24 de febrero fue un oasis de esperanza tras dos jornadas de insoportable ventisca. En torno a las tres de la tarde, y de forma escalonada, los especialistas del Infoca Juan Francisco Antequera y Francisco Pérez y los miembros del Grupo de Montaña El Bokerón David Rodríguez e Ingrid Medialdea hollaron la cima del pico más alto (6.962 metros) del continente americano.
En el caso de Ingrid puede haber sido la primera malagueña en llegar a esta cumbre, aunque es un dato difícil de contrastar, pues no hay estadísticas fiables desde que en 1940 la alcanzara la francesa Adriana Bance -el suizo Mathias Zubriggen lo logró en 1897-. «Aluciné de felicidad. No me lo podía creer», recuerda la montañera, una entre la veintena larga de personas que emprendieron el asalto final a la cima ese día.
Los malagueños partieron a las ocho de la mañana del campamento de altura de Berlín, a unos 6.000 metros y en apenas siete horas culminaron la empresa, que incluía atravesar el temido corredor de La Canaleta, un empedrado que suele hundir al montañero con sus pisadas. «Afortunadamente estaba con nieve y hielo duro y se podía subir bien el desnivel», explica Ingrid.
Otros malagueños, Manuel Portilla y José Bravo, se quedaron en el campamento base, en Plaza de Mulas, mientras que Antonio Barranco contribuyó a la colocación del primer campamento de altura, el de Nido de Cóndores, a unos 5.500 metros. Todos se llevaron 540 kilos de víveres y 180 botellas de litro y medio de agua, acarreadas por mulas. Además, los vuelos hasta Mendoza en Aerolíneas Argentinas fueron un completo desastre, pues en todos hubo 'overbooking'.
«Ha sido una satisfacción enorme, como si hubiéramos cerrado una puerta abierta el año pasado», reconoce David Rodríguez, que hace un año se quedó con Ingrid en una cota de unos 6.400 metros al sufrir ésta un problema físico. «Ha sido lo más duro que he hecho desde el punto de vista psíquico», añade este avezado montañero, que recalca que se pasaron dos semanas en la montaña, once días a más de 4.300 metros y cinco durmiendo sobre 5.000.
«Casi tiramos la toalla dos días antes», recuerda Juan Francisco Antequera, el primero en alcanzar la cumbre del cuarteto. Su compañero de trabajo, el aloreño Francisco Pérez, vomitó dos veces a la llegada, pero no por ello se le hizo menos grata la experiencia: «Es una sensación indescriptible, la culminación de muchos esfuerzos».