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Jueves, 23 de febrero de 2006
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OPINIÓN
LA TRIBUNA MALAGUEÑA
La sonrisa de los dioses
Separar la religión de la cosa pública fue la gran conquista de Occidente. También la liberación de la blasfemia. No hay libertad sin blasfemia
1. Si Dios es amor, como se suele decir, ¿cómo pueden estar tan malhumorados sus intérpretes y profetas, ya sean judíos, cristianos o musulmanes. ¿Tienen los dioses sentido del humor? ¿Es el mismo Dios el Dios del los musulmanes, el de los judíos o el de los cristianos? La respuesta sólo puede ser no, aunque muchos, devotamente, se empeñan en que lo sea. Cioran (Savater dixit) opinaba que todas las religiones son cruzadas contra el sentido del humor. Los sucesos de estos días están dando, sobradamente, la razón a Cioran.

2. De los dioses conocemos más su malhumor y su cólera que su sonrisa. Afortunadamente hay humanos que con su increíble empeño humanizan los dioses y los hacen benévolos, amables, risueños, cordiales. No es mérito de los dioses sino de los hombres buenos que regalan a los dioses su más preciado tesoro, esa bondad de la que los dioses carecen por esencia.

3. Como el agua pura, inodoros, incoloros, insípidos e innombrables. Además irrepresentables, ahora lo sabemos. Así son los dioses. Los unos y los trinos. También los otros.

4. No es sorprendente que con este bagaje padezcan de úlcera de estómago. No hay tranquilizante para la cólera de Dios. Ningún tratamiento. Los dioses son insaciables, bulímicos, hiperfágicos. Devoran a sus hijos sobre todo a los más devotos, a los más fieles, a los elegidos.

5. Recordaba D. Manuel Alcántara en su columna que los ateos son unos pesados pues se pasan todo el día hablando de Dios, pero que al menos no intentan convencernos de su in-creencia. No es poco. Los impíos invocan la libertad de expresión, los creyentes la libertad religiosa. Entre estos, también los de aquí, se rasgan las vestiduras pues sienten menoscabado su derecho a la libertad religiosa y de culto. Pero nadie se acuerda de los religiosos pasivos. Esos ciudadanos que como los fumadores pasivos ven el espacio público, una y otra vez, invadido por procesiones, liturgias, representaciones, inauguraciones, juramentos, sin que nadie les haya preguntado si les incomodan. Al fin y al cabo es lo más natural.

6. ¿Se contagia el malhumor de los dioses? Parece que sí a juzgar por lo que está cayendo y por la cara de nuestros clérigos, de sus ataloyas y de los ortodoxos judíos vestidos de luto hasta las cejas.

7. ¿Son mejores las personas creyentes? ¿Son de fiar las personas por ser religiosas? ¿En que se distingue un creyente de un no creyente? Interesante cuestión que ya hemos abordado en esta tribuna en otros momentos.

8. Separar a la religión de la cosa pública fue la gran conquista de Occidente. También la liberación de la blasfemia. No hay libertad sin blasfemia. Los dioses son inmutables, inaccesibles, inasequibles a la ofensa. No así sus profetas. Blasfemar no es escupir al cielo. Esa estupidez. Es dudar de las certezas de los clérigos.

9. Cada vez hay menos fieles y, sin embargo cada vez hay más Iglesias. Un extraño fenómeno que solo se puede explicar milagrosamente.

10. También más mezquitas. Importamos mano de obra e importamos creyentes que nos piden tolerancia con su credo.

11. Nos costó siglos, sangre, sudor y lágrimas la conquista de la blasfemia, de la irreverencia. La expulsión de la liturgia religiosa de la liturgia política. Es un sarcasmo que, ahora, en nombre de la tolerancia los templos vuelvan a ser el lugar donde se decide la política. La irreverencia es parte de la liturgia de los laicos. En una sociedad democrática los dioses no son propiedad de nadie y cada cual los usa como le apetece.

12. Los imperios, esos escenarios en los que el poder estaba siempre lejos, solían ser más tolerantes que los reinos de taifas. Los localismos se parecen a los taifas y la globalización no ha sustituido la ventaja de pertenecer a un imperio.

13. Bromear con los dioses ha llevado a mucha gente al cadalso. Con los dioses no se juega. Tampoco con las ganas de comer. Ese es el credo.

14. Hablamos de los países musulmanes y los identificamos por su religión. Qué horror. La católica España se decía en el régimen anterior. España ha dejado de ser católica se decía con fervor en la República. Era falso y era cierto. Ahora hemos comenzado la reconquista y es necesario velar las armas de nuevo. Más Mezquitas y más Iglesias. ¿quien lo iba a decir hace sólo unos años.

15. Hay personas que creen en Dios y otras que no creen. Hay eclécticos y agnósticos. Religiosos y creyentes y creyentes no religiosos. Incluso ateos religiosos como D. Manuel el bueno y mártir cura de Unamuno. Pero no parece que esto sea determinante a la hora de pagar los impuestos, ceder la acera a un anciano u honrar al padre y a la madre devastados por el alzhéimer.

16. Ser tolerante con las costumbres religiosas, implica un debate previo sobre la tolerancia. La blasfemia no es el límite de la tolerancia sino su vara de medir.

17. Hay personas que son muy sensibles a la blasfemia. Son sobre todo aquellos que se ofenden, o se preocupan, es lo mismo, porque haya personas a los que los dioses les dejan indiferentes. Son también los que insisten en la representación provocadora de su fe por calles, mercados, escuelas y parlamentos. ¿A quién molestan, dicen? A nadie. Los impíos siempre han sido muy tolerantes, aunque tengan el sambenito de lo contrario.

18. Pasear por Jerusalén y escuchar el ruido ensordecedor de los altavoces llamando a todas horas a los fieles. Visitar el portal de Belén dividido entre tres o cuatro cultos distintos que se reparten los despojos de la fe. Aquí sólo escuchamos las tímidas campanas de la misa de doce. Cuatrocientos años nos separan. No deberíamos desandarlos.

19. Desde Voltaire, el derecho a la irreverencia es un derecho básico de las sociedades abiertas. No es este el caso, pero si alguien considera este artículo inapropiado, le pido disculpas en nombre de la tolerancia, que es una virtud que deberían poseer todos. Y muy especialmente los creyentes. Un ejemplo de tolerancia.

20. Por lo general Dios es sordo y mudo y afortunadamente no suele darse por aludido cuando se habla de Él, pero si este Dios, si estos dioses existieran, el de los judíos, el de los cristianos, el de los musulmanes, o el de los animistas negros o amarillos, tendría que tener unas tragaderas enormes. Omni-comprensivo y omni-tolerante y sobre todo con un sentido del humor a prueba de blasfemias y de fatuas. Un Dios capaz de contestar a las ofensas con una risotada que, de tal envergadura, de no controlarse, pudiera tal vez acabar con el mundo. Un final anunciado por todas las escatologías. Por eso, por este Dios risueño, amable y alegre, tal vez merezca la pena morirse de risa, que es la única muerte verdaderamente divina. La única por la que merece la pena esperar un poco.



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