El presidente iraquí, el kurdo Jalal Talabani, tras declarar una semana de luto, advirtió ayer de que las acciones de los extremistas empujan al país hacia una guerra civil. «Afrontamos una gran conspiración contra la unidad de nuestro pueblo», afirmó. «Todos deberíamos apoyarnos para prevenir el peligro de una contienda entre hermanos», apostilló. Talabani añadió que trabajará sobre una próxima formación de un Gobierno de unidad nacional que «traiga estabilidad a Irak».
El mandatario calificó el atentado de «crimen para incitar el odio sectario, que muestra las malévolas intenciones de sus responsables, que intentan sembrar un conflicto entre los iraquíes para obstaculizar el camino hacia la democracia», dijo un comunicado de la Presidencia.
Obstáculos
Talabani insistió en que el momento elegido para el ataque indica que uno de sus objetivos es interrumpir el proceso político y obstaculizar las negociaciones destinadas a formar un gobierno de unidad nacional, además de dificultar los intentos para conseguir la estabilidad y llevar a cabo los proyectos de construcción y desarrollo económico.
Aunque los sentimientos religiosos son difíciles de controlar y las reacciones previsibles, Talabani hizo un llamamiento a mostrar «sangre fría y unidad para desbaratar los planes desgraciados de los 'takfiris' (extremistas suníes)».
El asesor para la seguridad nacional, Muaffak al Rubai, vio en el atentado de Samarra «la marca de Al Qaeda» y consideró asimismo que los autores trataban de «provocar una guerra civil». Al-Rubai exhortó a los iraquíes, «suníes y chiíes», a no dejarse arrastrar por sus pasiones».