LA construcción del metro en Málaga está resultando una obra complicada. Pero aquí no lo es por las dificultades geotécnicas o por carencias económicas, en contra de lo que pudiera ocurrir en otro lugar. En Málaga las complicaciones son de origen político y parten de la alcaldía de la ciudad, de un alcalde que actúa en base e intereses personales y electorales, algo totalmente legítimo si no fuera porque antepone lo individual a lo colectivo.
No es algo baladí ni una mera cuestión puntual, ya que forman parte de una estrategia política del alcalde y del PP, que pretende desvirtuar las grandes actuaciones en infraestructuras necesarias para la ciudad, descalificadas por ser ejecutadas por gobiernos de diferente signo político. Grave error supeditar las necesidades de la ciudad a las necesidades partidistas.
Lo estamos viendo en el metro, lo hemos visto en el AVE (el propio alcalde llegó a acusar al Gobierno de hurtarle fondos europeos); en el campamento Benítez; la hiperronda (que con el PP ya hubiera empezado); o incluso en la firma del acuerdo para la ubicación del museo de Bellas Artes y Arqueológico en el palacio de la Aduana. Parece que el PP no gobernó este país durante ocho años.
En los últimos años, Málaga ha estado llena de grandes proyectos pero huérfana de grandes realidades. La apertura del Museo Picasso marcó una inflexión en esa curva del desencanto por la que se inclinaba la ciudad y rompió con el estigma de los proyectos eternizados en el tiempo. Después del Picasso se abrían otras posibilidades.
Ahora Málaga y su provincia abordan en esta legislatura un proceso de transformación en infraestructuras que difícilmente se repetirá en los próximos ciclos: hemos empezado con las líneas del metro, el AVE avanza en su construcción para estar totalmente operativo en 2007, se trabaja ya en la ampliación del aeropuerto, se ha licitado la hiperronda de la capital y el soterramiento de San Pedro -sí, aquél que en sus 8 años de gobierno el PP no quiso licitar-, la reforma del Puerto de la capital ha comenzado (aunque parezca mentira), se ha recuperado la Aduana para Museo de Bellas Artes, hemos iniciado la ampliación del campus universitario y se ha planteado la del Parque Tecnológico.
Sin embargo, frente a este panorama que claramente promete futuro y desarrollo, nos encontramos la enconada beligerancia de Francisco de la Torre, quien lejos de poner en positivo esos proyectos, siempre encuentra críticas que hacerles, generando una situación de confrontación política que sólo sirve para desilusionar y frustrar las expectativas de los ciudadanos, y dejar 'tocado' el imaginario colectivo.
Con el metro asistimos a un nuevo ejercicio de equilibrismo político del alcalde. Después de meses reclamando que las obras debían hacerse con tuneladora, especialmente en la carretera de Cádiz para no molestar a los vecinos, un informe encargado por él al catedrático Melis Maynar dice justamente lo contrario, que en aquella zona lo adecuado es trabajar con muros pantalla y desaconseja también utilizar la tuneladora en la línea 1, esa línea de la que en marzo de 2005, Francisco de la Torre dijo: «o se hace con tuneladora o no se hace», en un claro alarde de actitud arrogante y retadora. Pero es más, cuando la Junta plantea modificar el trazado de la línea 1 evitando su paso por debajo de los edificios, como garantía de seguridad, el alcalde propone desalojar los bloques por los que debajo pasara la tuneladora y que se construyeran viviendas en otra zona para alojar a sus inquilinos.
La acerada defensa del alcalde de la tuneladora en carretera de Cádiz ha tenido graves repercusiones sociales en la ciudad, provocando un enconado enfrentamiento de vecinos en esa zona, e incluso se ha llegado a movilizar a comerciantes y a las asociaciones de padres de alumnos para defender el uso de la tuneladora. ¿Cómo no creer a nuestro alcalde, se dirían estos colectivos? ¿Cómo no le vamos a creer cuando nos dice que se hace con tuneladora o esto será el caos?, ¿cómo vamos a pensar que el alcalde quiere retrasar las obras del metro para que éstas no coincidan con las elecciones municipales?.
¿Era esto necesario, alcalde? ¿Era necesario someter a los vecinos a semejante disquisiciones? ¿Era necesario generar dudas sobre la eficacia de los técnicos? ¿Era necesario ...?.
Y en eso llegó Melis Maynar y el alcalde cambió de opinión. Donde ayer era todo enfrentamiento, hoy son todo buenas palabras. Borrón y cuenta nueva. Después de haber politizado un debate técnico y haber promovido la crispación vecinal, ahora quiere que nos olvidemos de todo. Y no sólo no ha pedido disculpas por haberse equivocado, sino que pretende que le demos las gracias. Nada nuevo. Tampoco pidió perdón cuando acusó a la Junta de Andalucía de querer convertir carretera de Cádiz en una ratonera y en un caos de tráfico por querer usar muros pantalla y dijo que los miembros del Gobierno andaluz eran «tontos o perversos» por querer trabajar de esa manera. También nos ha acusado de desleales y luego ha ofrecido interesadamente un pacto por la ciudad, el mismo que él le rechazó al PSOE hace cinco años.
Contra viento y marea, la Junta de Andalucía está decidida a que el metro siga avanzando, y lo haremos como lo hemos hecho hasta ahora: en colaboración con el Ayuntamiento y desde la responsabilidad de entender que Málaga necesita seguir creciendo, porque estamos convencidos de la necesidad de esta infraestructura, igual que también lo está en sus conclusiones Melis Maynar; y como hemos hecho hasta ahora, desde la Junta seguiremos respetando la opinión de los técnicos desde el mantenimiento de dos principios básicos: la seguridad y la minimización de las molestias para los vecinos, duren más o duren menos las obras del metro; acaben antes de las elecciones municipales o acaben después de las elecciones autonómicas.
El informe Melis nos va a servir por igual para conocer mejor algunas cuestiones técnicas sobre las obras del metro, como para conocer también mejor las actuaciones de nuestro alcalde.
Me alegro mucho, señor alcalde, de que el informe que usted mismo encargó le haya hecho cambiar de opinión. No en vano, como dijera Serrat, «nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio». Por ello, nosotros no llamaremos ni tontos ni perversos ni a usted ni a sus técnicos y nos alegramos que acerque su postura a la que siempre hemos mantenido desde la Junta de Andalucía. Seguro que el proyecto saldrá mejor de este modo.