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Martes, 21 de febrero de 2006
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El lazo de la vida
El lazo de la vida
POLÉMICO El uso de la sangre del cordón umbilical de un bebé ha reabierto el debate médico y ético.
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«UN familiar contrajo cáncer, y la angustia me hizo leer mucho acerca de su enfermedad e intercambiar puntos de vista en asociaciones. Estando ya embarazada de mi hijo encontré información en Internet sobre las células del cordón umbilical y su utilización en el tratamiento de cánceres hematológicos. Poco después, en una sesión de preparación al parto, una de las futuras madres trajo un folleto que hablaba del asunto. Hablé con mi ginecóloga: '¿Tú recogerías la muestra?'. 'Sí, por supuesto. Me parece una buena idea'. Lo hice por prevención. La ciencia avanza y quién sabe si algún día esa sangre servirá para curar a alguno de los míos. Una amiga tuvo un segundo hijo para que pudiera donar médula ósea a su hermana mayor, que padecía anemia de Fanconi. El dinero es lo de menos. Prefiero conservar el cordón umbilical y no usarlo, que tirarlo y necesitarlo. Quiero lo mejor para mi hijo, y eso incluye todas las posibilidades sanitarias que pueda proporcionarle». Yolanda y Gonzalo son una de las cientos de parejas españolas que han congelado fuera de nuestro país la sangre del cordón umbilical (SCU) de sus bebés para usarla en el tratamiento de enfermedades futuras. O no. Sin duda, todas coinciden en que ése es un cartucho que preferirían no usar nunca. Los padres pagan de 1.500 a 2.000 euros a empresas privadas que se hacen cargo del transporte y la conservación de las células madre en laboratorios del Reino Unido, Bélgica o Alemania, por ejemplo.

En España no existen centros de estas características: el Ministerio de Sanidad considera esta práctica ilegal porque va en contra del espíritu solidario y no lucrativo de la Ley de Trasplantes. De hecho, el debate, servido ya hace unos meses, ha alcanzado un pico importante tras la iniciativa de una empresa valenciana, Biostab Proresurgo, que creó un banco de sangre de cordón umbilical privado sin pedir ningún tipo de permiso. Al tener conocimiento de los hechos, la Generalitat decidió el cese cautelar del negocio. Un simposio de especialistas de toda España concluyó la semana pasada en Madrid que hace falta poner orden en la cuestión «antes de que la bola de nieve se nos caiga encima».

Regularización necesaria

«Uno congela para no descongelar, pero... ¿a quién no le gusta tener un as en la manga? A mis familiares y amigos les digo que esto, hoy por hoy, no es la panacea. Dejemos que hable el futuro. Ese material genético se puede usar ya en trasplantes de médula. Yo me enteré en Estados Unidos, donde estuve realizando prácticas de postgrado. Allí este servicio se ofrece rutinariamente. Después, ya en España, mi mujer y yo decidimos hacerlo cuando nació nuestro primer hijo. Fue hace tres años, y la ginecóloga se mostró sorprendida, aunque no se negó. Como acudimos a la sanidad privada, el trato fue más personal. Un compañero cuya mujer dio a luz en un hospital público se topó con un montón de trabas, y se dio por vencido. Le dijeron, entre otras falsedades, que el cordón umbilical pertenecía al centro. Con esto no quiero criticar nuestro sistema sanitario, que ya querrían para sí muchos países supuestamente avanzados. Una empresa suiza se encargó de enviar la muestra a un laboratorio de Bruselas. Firmamos un contrato de almacenamiento por 20 años, prorrogables, y el coste de la operación fue de 1.375 euros. Ya he perdido la cuenta de los correos electrónicos que he recibido de gente que está interesada. Mi mujer espera mellizos para marzo, y repetiremos la experiencia». El testimonio es de un especialista del Centro Nacional de Biotecnología, perteneciente al Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CSIC), que ha preferido permanecer en el anonimato.

La comunidad científica no sólo opina de oficio, sino que elige una opción. Tal vez por su acceso más fácil a información de este tipo, no son pocos los que han dado el paso. El propio presidente del CSIC, Carlos Martínez, se ha mostrado partidario de estos bancos privados, siempre y cuando se regulen para garantizar la calidad del servicio y se cierre la posibilidad al tráfico de células madre.

Aquí habrá que esperar

No parece probable, sin embargo, que estas empresas aterricen en España a corto o medio plazo. El Ministerio de Sanidad prepara un Real Decreto ad hoc dentro de los principios de solidaridad y equidad de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), según anunció el secretario general de Sanidad, José Martínez Olmos, en el citado simposio. Se trata de trasponer una directiva europea de Células y Tejidos que hace inviable la utilización de la sangre de cordón umbilical para uso exclusivo del donante o bien de sus familiares.

«No podemos predecir el futuro, es verdad; pero sí guardarnos esa baza. ¿Por qué no? En última instancia, tiene que ver con la libertad de las personas», señala Guillermo Muñoz, director de Crio-Cord, firma española que ofrece información sobre la conservación de células madre del cordón umbilical y se encarga del transporte de la sangre a un laboratorio de Bruselas. «Respetamos la opinión de la ONT y alabamos el magnífico trabajo que está realizando. Sin embargo, no entendemos por qué no pueden convivir ambos sistemas siempre que se trabaje con el máximo rigor. Ya ocurre en 21 países europeos», añade.

Esta empresa empezó su andadura hace tres años; tras un largo periodo de papeleo, empezó a operar hace ocho meses. Durante este tiempo ha prestado servicio a más de 300 parejas. Su publicidad ha sido, fundamentalmente, el boca a boca. «No engañamos a nadie. En una ocasión, un padre me comentó que tenía una hija con diabetes. Le dije que esa enfermedad no se trata con la SCU. Él respondió: 'Ya lo sé, pero confío que las investigaciones avancen y en un futuro sí se pueda tratar'», advierte Guillermo Muñoz.



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