Después de muchos meses aguantando las inclemencias meteorológicas, el cartel de 'se vende' abandona el balcón camuflado tras múltiples capas de polvo. Entonces, la placa de 'se alquila' coge el testigo. El parón que experimenta el ladrillo en la provincia está haciendo que cientos de inversores particulares que compraron pisos con vistas a obtener una rápida rentabilidad opten ahora por ponerlos en arrendamiento. Los especuladores empiezan a aferrarse a esta fórmula como una tabla de salvación ante la ralentización del mercado.