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Viernes, 17 de febrero de 2006
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OPINIÓN
LA ROTONDA
Condenas
HAY diez menores en Sevilla que tendrán que cumplir una condena para aprender a respetar la discapacidad y entender que en la vida se gana más con el respeto que con la crueldad, más con la sensibilidad que con la mofa. Los chicos, entre ellos una chica, grabaron con un teléfono móvil vejaciones a una niña con síndrome de Down, que luego distribuyeron por Internet.

Pensaba Platón que la burla y el ridículo, entre todas las injurias, son las que menos se perdonan. Un juez de Sevilla ha decidido que el perdón para estos jóvenes pasa por realizar trabajos sociales en un centro para niños con síndrome de Down y aprender, como dice Pablo Pineda, que la diferencia no es un defecto, es un valor.

Emilio Calatayud, el juez de Menores de Granada, está creando escuela. Él empezó dictando sentencias ejemplares para que los adolescentes se alejen del camino de la fechoría. Uno que robó en un cibercafé fue condenado a realizar el traslado del equipo informático del juzgado a una nueva sede. El que atracó a un anciano sirvió comida durante un mes en un centro de indigentes. Los que queman papeleras pasan dos fines de semana con los bomberos.

El ejemplo, más que el castigo, podría funcionar con los mayores. Los guardias civiles detenidos por cobros ilegales en el aeropuerto de Málaga podrían aprender algo cargando por un tiempo las maletas de los viajeros chinos. Julián Muñoz, que pague los 3,5 millones de euros por los daños causados a las arcas municipales de Marbella. Además, podría compensar el barrido de cuentas con un barrido de calles.



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