El Unicaja alumbra una nueva era, la de su definitiva estabilidad en la élite del baloncesto español. Grande entre los grandes ciertamente. Quién sabe si asistimos al comienzo de una dinastía, con Garbajosa de líder incontenible e incontestable. Incrustado ya en ese grupo de privilegio que se reparte los títulos en juego -Madrid adjudicará el primero el domingo-, el conjunto que entrena Sergio Scariolo defendió su corona en plan campeón. En un tercer cuarto en el que permitió sólo once puntos al Gran Canaria, dejó sentenciada la eliminatoria de cuartos de final y avanzó casi sin inmutarse, con menos sufrimiento del esperado, hasta las semifinales, donde ya le espera el Pamesa. Como el año pasado, en otro guiño del destino que guió su camino hacia su primer trofeo importante nacional.