NADIE ha preguntado por él. No tiene nombre y apellidos, ni pasado o presente. De momento, sólo es un número de expediente, un cadáver anónimo como los que surgen de las aguas del Estrecho o los que aparecen asesinados en una cuneta, en tierra de nadie. Solo que éste murió en tierra firme y en pijama, en medio de la calle, en pleno centro de Marbella y rodeado de policías.
Rondaba la cincuentena. Alto, pesado y corpulento, tanto que los testigos le calcularon 120 kilos. Unos dicen que pronunció unas palabras en inglés al ser detenido, lo que invitan a pensar que es británico; otros aseguran que, aunque extranjero, hablaba español, por lo que se inclinan a pensar que podría ser turista residente. Sólo son hipótesis. El resto son incógnitas.
Hay quien dice que era asiduo de un kiosco del paseo marítimo, donde compraba bebida y comida. El tendero lo confirma. Al menos parcialmente. Asegura haber tenido un cliente con las características físicas del difunto, un británico que hablaba español, aunque faltaba reconocerlo en fotos.
La última vez que lo vieron con vida fue en un comercio de la zona, media hora antes de su muerte. La cámara de seguridad lo grabó entrando en la tienda, desnudo el torso y en pijama de cintura para abajo, lidiando con el vigilante de seguridad, que acabó echándolo, según fuentes cercanas al caso. Falleció a unos 300 metros de ese establecimiento.
Encuentro en el parque
Otro hombre dijo haberle visto deambulando por Marbella el mismo día de su fallecimiento. Cuenta que se topó con él en un parque público situado a poco menos de medio kilómetro del paseo marítimo. No lo encontró agresivo. El fallecido se fue hacia él y se le quedó mirando, a dos palmos de sus narices. El viandante lo evitó y se alejó. Sólo recuerda oírle murmurando...
Según algunas fuentes consultadas, la policía estaría trabajando sobre una identidad, que aún no estaría confirmada. Inglés o español, la única pista fehaciente con la que cuenta la policía para averiguar su identidad son las diez huellas de los dedos de sus manos. Ayer, se le practicó la necrorreseña (toma de impresiones dactilares) durante la autopsia.
El primer paso consiste ahora en consultar la base de datos del Sistema Automático de Identificación Dactilar (SAID), donde figuran todas las personas que han sido reseñadas por la policía o la Guardia Civil en España. Si carece de antecedentes dentro del territorio nacional, la búsqueda no aportaría información sobre su identidad.
El siguiente camino, que se podría emprender hoy mismo, pasaría por remitir las huellas a la Interpol para su cotejo a nivel internacional. Si se sospecha que procede de un país en concreto -como en este caso, que podría ser británico- la información se contrastaría con los enlaces de la policía inglesa en la Costa del Sol, quienes a su vez indagarían si el sujeto está reseñado en su país. De no estarlo, alguien tendría que interesarse por él para ponerle nombre y apellidos al extranjero anónimo.